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Fri, Apr

Nuestros trajes regionales y las velas

Istmo
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A propósito de la proximidad de nuestras fiestas titulares (escribo) las siguientes líneas (esperando) que los lectores de Juventud y el pueblo de Juchitán las analicen con la misma seriedad con que han sido escritas, con toda la buena fe que encierran. Esta crítica es de tipo constructivo; muy lejos de mi ánimo ha estado el deseo de molestar o de zaherir oficiosamente.

Entre la maravillosa colección de actos que constituyen nuestras tradicionales costumbres, destacan prominentemente las “velas”; quizá ellas, desde algunos años a la fecha, sean los actos que más atraigan a turistas regionales, nacionales y extranjeros; ellas han inspirado los más encendidos elogios de muchos visitantes con ojos educados para poder admirar lo regional, lo auténticamente folclórico, separándolo con la paciencia exquisita del artista de todos aquellos rasgos modernos que lo afean, que lo destruyen y le quitan el sabor autóctono que es, precisamente su sello distintivo.

Los rasgos europeos a que me refiero son, en primer término, a los trajes europeos que usan los hombres en las velas y, en segundo lugar, los vestidos también a la europea (de calle o largos) que muchas damitas llevan a dichas fiestas. Sinceramente, en una fiesta donde el visitante busca la belleza costumbrista de una raza, o de un pueblo, como el nuestro, resulta ridículo o risible soportar el hecho de ver a una dama luciendo el traje típico regional bailar con un caballero, algunas veces vestido de smoking. Es el mismo ridículo que veríamos en París, si a una fiesta llegaran un charro mexicano, con su traje típico, su sombrero ancho galoneado, pistola y espuelas y se pusieran a bailar con una dama vestida de rigurosa etiqueta.

Ha tomado tanto arraigo en los últimos años esta estructuración de las velas, que los propios mayordomos, o fraternidades que las organizan hacen al pie de sus invitaciones la siguiente o parecida recomendación; se suplica a las damas portar el traje típico regional. A los caballeros presentarse correctamente vestidos.
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Los hombres a ojos cerrados, entienden esto último, es decir correctamente vestidos, por llevar, además de las otras prendas indispensables, saco y corbata. ¿No es esto un contra sentido? Si lo es, y además entraña una imperdonable discriminación del traje típico regional masculino, porque por un lado se pide, casis se exige a las damas usar el vestido regional y por otro lado, en la misma forma, se prohíbe a los caballeros usare el traje regional que les corresponde.

Lo que positivamente conviene en estos casos es hacer al pie de las invitaciones la anotación: no se permitirá la participación de personas de ambos sexos que no luzcan el traje típico regional. Creemos que así se haría una fiesta absolutamente juchiteca, netamente regional, es decir muy nuestra, puesto que el clímax de lo ridículo lo notamos cuando se toca La Sandunga, o alguno de nuestros sones y vemos los movimientos grotescos del “Catrín”, del Dandy postizo frente a una inconfundible y autentica juchiteca.

Perdón por las expresiones, pero una vela nuestra, dentro de esa confusión, dentro de esa mezcolanza, pierde su genuina belleza, para tomar las características de una verdadera mascarada ¿Por qué?...porque las mujeres van a lo natural, a tono con el ambiente en que viven, a la usanza regional, mientras los hombres van disfrazados de europeos o norteamericanos.

Conste que no me opongo, en forma alguna, a los avances culturales de nuestro pueblo; lo que acabo de anotar, solamente se relaciona con la realización de nuestras velas.

Nota: Es de notarse que, a partir de esta reflexión, las invitaciones a las velas rezan de la siguiente forma: <>.

*Tomado del libro “Biniguenda” Pensador zapoteca/Autor German López Trujillo/Compilación y selección de Textos Germán López San Martín-Gonzalo López San Martín/Editado por el Fondo Editorial Identidades de la Unidad de Proyectos Estratégicos del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca/año 2009.