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Tue, Jul

Caracteres Raciales del Zapoteca

Istmo
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Sin importarme que en algún otro sector racial se repitan, he aquí algunos rasgos intrínsecos del aborigen zapoteca.

Tres cosas son las primeras que se advierten en la apariencia anatómica de la gente zapoteca; la baja estatura, el color moreno de la piel y el desarrollo acentuado de algunos rasgos faciales: los labios y la nariz principalmente.

El zapoteca es, en efecto, generalmente muy poco alto: fijarle un metro y medio de estatura, es ya haberle fijado bastante. Su pequeña estatura engaña al espectador, quien pudiera no esperar que de aquel cuerpo breve, dimanara tanta fuerza y audacia.

La tez del zapoteca, y su piel toda en general, es morena, a las veces fuertemente morena. Pero es un color moreno que halaga y seduce. No tiende a ser amoratado ni brillante, cosas ambas que pudieran ir en detrimento de la buena presencia. No; se trata de un hermoso color moreno; casi me atrevo a llamarle especial de la raza zapoteca. Cuando de las mujeres se trata, es un color moreno que encanta, que enamora, que place…¡Qué poca cosa saben aquellos que sólo descubren belleza en lo blanco! ¡En lo negro hay algo indecible, que no se puede investigar, pero que se intuye!

Particularidades faciales las constituyen en los ojos, la nariz y los labios. Los ojos, en cuanto que tiran a ojos orientales. Aparte de eso, rebosan elocuencia. En ellos –especialmente los femeninos – se puede leer muchas cosas. Gutiérrez de Cetina tendría motivo para nuevos madrigales de contemplar esos ojos. Lloran, es verdad: pero también sonríen. En las istmeñas, la risa no es sólo contracción muscular: los ojos también ríen.
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En la nariz del zapoteca, relativamente voluminosa, es de notarse el desarrollo de las alas, acusado sobre todo por la respiración casi superficial. En el movimiento inspiratorio, las alas de la nariz se dilatan voluptuosamente. En las mujeres, el hecho es convincente y maravilloso. Cada vez que lo advierto, me recuerda algún poema de Darío en que pinta a la hembra en celo.

Los labios son turgentes. Ellos en la nariz con la característica que ya anoté, lo dicen todo.

A esos rasgos anatómicos corresponde cierta fisiología. Lo más saliente es el advenimiento temprano de la pubertad. Doce años son más que suficientes para que la mujer se complete. Con dos más, el hombre se integra. De ahí los matrimonios, no prematuros, sino sencillamente a tiempo. El zapoteca, sin pensarlo precisamente, cultiva la eugenesia, también profesa una sana moral sexual.

Tales son los más notables caracteres anatómicos y fisiológicos de los zapotecas, de los istmeños. Pueden repetirse en otras gentes, pero estoy yo tan identificado con los míos, que me parecen privativos para nosotros.

Si la ocasión perdura, intentare en futuras líneas perfilar la psicología del istmeño.

*Tomado del periódico “Neza”/Órgano Mensual de la Sociedad Nueva de estudiantes Juchitecos/Número 8/Enero de 1936.