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Thu, Jun

Zobeida Díaz, nuestra señora de las iguanas

Istmo
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La “Señora de las iguanas” fue una mujer juchiteca llamada Zobeida Díaz, que se dedicaba al comercio. Desde muy chica vendía huevos de tortuga, huevos de gallina, tortillas, cerveza, collares de flores… Además, sus familiares cuentan que era una mujer con gran presencia en la comunidad, ya que le gustaba participar en los mítines de la Coalición Obrera Estudiantil del Istmo (COCEI), organizar fiestas y convivir con sus numerosos sobrinos.

El día en que Graciela Iturbide realizó su famoso retrato, Zobeida iba caminando por el mercado con las iguanas en su cabeza, para venderlas para hacer guisado o para rellenar tamales, como se acostumbra en Juchitán. A la fotógrafa le impactó la escena y le pidió a Zobeida que posara para ella, lo cual fue difícil porque las iguanas se movían y se caían de su cabeza. A pesar de que Graciela Iturbide solo tenía doce tomas disponibles en su cámara, una de ellas captó con gran solemnidad a Zobeida y se convirtió en la imagen icónica que hoy todos conocen.

Nadie sabe qué es exactamente lo que volvió icónico el retrato de Zobeida Díaz. Su rostro, el cual transmite seriedad y seguridad, es uno de los elementos que da fuerza al retrato. Al mismo tiempo que lo humano y lo animal se conjugan en su cabeza para crear un ser casi mitológico. Hay quienes ven en Zobeida al resto de las mujeres de Juchitán, un municipio de mujeres fuertes e independientes en donde son ellas las que controlan la economía.

También quienes admiran la imagen por mostrar la parte indígena de México, sin caer en el indigenismo o la propaganda. Finalmente, está el elemento de la suerte. La mirada de Zobeida se dirige hacia arriba, como si viera algo más alto o más grande que ella. Lo curioso es que la mirada de todas las iguanas va hacia la misma dirección. De hecho, Graciela Iturbide escogió esa fotografía porque era la única en donde las iguanas levantaron la cabeza, tomando la misma actitud que Zobeida y posando para la cámara. Cincuenta años después de haberse creado “Nuestra señora de las iguanas”, su popularidad va en aumento. Esta imagen se considera incluso como un ícono para la fotografía mexicana, al ser resignificada y reinventada en otras disciplinas artísticas: gráfica, escultura, mural, collage, etc.

El artista juchiteco Francisco Toledo hizo tarjetas con el retrato de Zobeida, y los juchitecos imprimieron posters, los pusieron en sus casas y renombraron la fotografía como “la medusa juchiteca”. Después, la fotografía fue retomada por las autoridades locales, quienes la pusieron en las señalizaciones de tránsito para indicar a los visitantes que habían llegado a Juchitán, e hicieron una estatua de ella. Zobeida y sus iguanas también aparecen en una puesta en escena que el fotógrafo chileno Mauricio Toro-Goya realizó en uno de sus viajes a Oaxaca; en un acrílico sobre tela del pintor Pere Greenham y en un mural en la ciudad de Los Ángeles, California que pintó Annie Sperling en 1993.