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Mon, Sep

El Juchitán de ayer, resplandor de un pasado mágico

Istmo
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Juchitán a principios del siglo pasado fue una población donde corría un majestuoso río, donde tenían su hábitat las nutrias, era un rio limpio de aguas transparentes, donde la gente se iba a bañar y las mujeres lavaban su ropa, los niños y los jóvenes corrían y jugaban en sus márgenes bajo los frondosos árboles de guie’ xhuba, guanacastes, framboyanes, ceibas, mangos, tamarindos, gulaberes, entre otros. Ese Juchitán mágico que se caracterizaba por tener sus casa de tejavana, orientadas de norte a sur y con sus grandes patios cubiertos de sombra de sus grandes árboles, donde en ocasiones se podía admirar una gran variedad de aves exóticas de la región y, por si fuera poco, por doquier emanaba el aroma de la gran variedad de flores que predominaron en la población que por algo le valió el sobrenombre de Juchitán de las Flores.


Era común ver a las señoras desde muy temprano barrer su casa y su patio y luego quemar su basura en algún lugar, ese humo a su vez se mezclaba con el humo del horno que contenía esas sabrosas tortillas, pescado o tasajo que se preparaba para el desayuno. Era de admirar el ir y venir de las vendedoras de totopos, pan, queso, atole, pescado o dulces que envolvían en hojas de almendra o papel estraza para cubrir sus productos, ya que en ese tiempo no se usaba el plástico.
Los medios de transporte en ese entonces, como en toda la región, eran la carreta y el caballo, por lo que ni remotamente se pensaba en la contaminación ambiental. En el convite de flores o tirada de frutas, su nombre lo dice todo: eran jóvenes bellamente ataviadas con sus trajes regionales y que se adornaban con flores y que iban caminando por las calles con su jicalpextle en la cadera repartiendo frutas recién cosechadas, en la región, esto ya se ha degenerado, pues actualmente se obsequian: trastes, juguetes de plástico, jabones, bolsas y todo tipo de conservas, sólo me pregunto una cosa ¿Por qué se permitió este cambio brusco en nuestras tradiciones? En las velas se obsequiaban refrescos de frutas naturales, así como la horchata de arroz que se repartía en jicaritas. A las mujeres y a los jóvenes se les daban tortitas de coco, roscas de harina, torta compuesta, la torta era un pan francés, cortado en rebanadas al cual se le ponía carne molida, cebolla, tomate y se envolvía en papel china. Los hombres por su lado tomaban con moderación las cervezas o el mezcal y si querían tomar libremente iban a las tabernas que estaban localizadas afuera, o sea a un lado de la entrada de la vela. En la actualidad, casi todos consumen con exageración mucha cerveza y una diversidad de botanas que se dan en platos desechables, lógicamente que al día siguiente se puede apreciar la gran cantidad de basura que esto ocasiona.


En las primeras décadas del siglo pasado, Juchitán se encontraba totalmente limpio, tanto en su primer cuadro, como en las calles aledañas, es increíble que solamente viendo las fotografías lo podemos constatar. ¿Será porque en ese tiempo no había todo un desarrollo tecnológico y consumista que ahora padecemos? ¿Será que nuestros viejos abuelos si amaban y cuidaban nuestro entorno ecológico? ¿Qué pasó con la flora y fauna que tanto preservaban nuestros viejos abuelos? No cabe duda que tiempos pasados fueron mejores.

*Tomado del libro: Juchitán testimonios de un pasado mágico. 1ª. Edición. Oaxaca, México. 2005
Autor: Gonzalo Jiménez López