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Tue, Oct

Historia del hombre que por su valentía pudo volver a ver a sus antepasados

Istmo
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Evaristo fue un campesino desde niño. Ya adolescente empezó a ganar fama como el mejor corredor del pueblo: Diez minutos hacía de su casa para ir a la milpa y diez para regresar. Si el ganado de alguien se volvía montaraz, y no quería bajar al pueblo, Evaristo lo correteaba por todo el monte hasta cansarlo y obligarlo regresar al pesebre de su dueño. Por eso y por bueno a Evaristo le llamaban el Venado, pero también era muy valiente

En el pueblo Lorenzo, el Coyote, era conocido por su riqueza que había logrado –se decía- por tener pacto con el demonio, aunque también por ser buen comerciante; pues compraba con monedas de tejedores de Teotitlán, que luego iba a vender a otras partes como la ciudad de México o Ciudad Juárez.

Un día Coyote, quien sabía por qué Evaristo le llamaban el Venado, se acercó a éste y le pidió que fueran amigos: -Oyes Evaristo, si tú quieres ser mi amigo y es cierto que eres tan valiente como se dice, te haré rico como yo. Te invito a una fiesta el próximo sábado, nos vemos en mi casa para ir – dijo Lorenzo, pero en ese momento no le dijo el lugar en qué se iba a celebrar la fiesta.

Evaristo le contó a sus amigos lo que le había dicho Lorenzo: -Fíjense que Lorenzo me pidió que seamos amigos y para empezar me invitó a una fiesta. ¿Qué opinan? ¿Acepto? Sus amigos le aconsejaron:
-Mira Evaristo, si quieres aceptar la invitación del Coyote, por ninguna razón bebas o comas lo que te sirvan en su casa; ese hombre está acompañado, tiene pacto con el diablo.

El día acordado para ir a la fiesta –ese sábado por la tarde-, Evaristo se acercó a la casa de Lorenzo; pero no entró, sino que desde una esquina le chifló para avisarle que había llegado. Lorenzo invito a Evaristo a entrar, pero éste no quiso. Entonces Lorenzo le dijo: -Todavía es muy temprano, date una vuelta y regresa cuando comience a anochecer.

Ya iba oscureciendo cuando regresó Evaristo cerca de la casa de Lorenzo, desde cuya esquina le volvió a chiflar. Salió Lorenzo y ambos se fueron a la fiesta, caminando hacia donde nace el sol, en dirección de Santa Ana del Valle. Caminaron mucho, entonces Evaristo preguntó: -Oyes, amigo, ¿en dónde dices que es la fiesta? Ya nos alejamos mucho del pueblo y aún no llegamos.

Lorenzo le contesto: -No comas ansias, ya vamos a llegar, hombre. Llegaron al pie de un cerro llamado Guia nis (piedra de agua, porque dentro de este cerro brotan las aguas de un río que corre por el valle). Allí Lorenzo tocó una piedra con los nudillos de los dedos varias veces y luego se abrió la puerta de una cueva. Adentro había una fiesta, pero no era una fiesta común y corriente; allí todos los asistentes eran los hombres muertos y desaparecidos del pueblo, quienes bebían mezcal entre un rebaño de chivas.

El centro de la fiesta era un jaripeo, pero el corral en vez de estar hecho de troncos y ramas de árboles, como se acostumbra, era de culebras que estaban paradas sobres sus colas y entrelazadas unas con otras. Las culebras que formaban el corral giraban incesantemente alrededor de un toro que estaba atado a un árbol de mezquite en el centro del corral.

Entonces Lorenzo, el Coyote, retó a Evaristo diciéndole: - Si es cierto que eres valiente y buen montador, Evaristo, monta ese toro que está en el corral. El Venado, aceptó el reto y, para entrar al cerco sin tocar las serpientes del corral, se apoyó en sus manos con las cuales se impulsó para caer de pie dentro de aquel corral de víboras.

Cuando ya estaba adentro de aquel corral, Evaristo se fijó que aquel toro del demonio tenia amarrado alrededor de su cuerpo otra culebra, en lugar de un lazo para que se agarrara el montador; y, aún antes de que lo montara, el animal empezó a echar fuego por la trompa, los ojos, los cuernos y la cola.

Evaristo no tuvo miedo y de un salto montó aquel toro infernal. El animal se agitó más y se escapó del corral de culebras; fue cuando Evaristo perdió la conciencia. Cuando volvió en sí estaban volando, montado en el toro, sobre Yooba’ es decir Mitla, el panteón de los zapotecas; pero se sorprendió al ver que el lugar ya no estaba en ruinas, lo cual le causo admiración y una inmensa alegría. Se había rehecho el palacio y estaba como nuevo, por dentro se veía iluminado con la amarillenta luz de varios ocotes; y por sus puertas entraban y salían sus antepasados otra vez vivos, hombres y mujeres.

Todavía el toro del demonio dio una gran vuelta con Evaristo por la sierra, por Cuajimoloyas antes de regresar por el sur del valle, a Macuilxóchitl; lugar conectado al cerro Guia nis por el río que brota adentro de este último cerro. Evaristo no se había asustado, al contrario, estaba feliz; porque en el viaje por el aire había podido volver a ver a sus antepasados binnizá o zapotecos como habían vivido antes que llegaran los españoles.

Al pie del cerro Macuilxóchitl estaba Lorenzo esperando el regreso de Evaristo. El toro descendió del aire con su pasajero y apenas el Coyote tocó al toro en la frente con una mano, inmediatamente éste se detuvo como si fuera un buey manso. Lorenzo felicitó a Evaristo por su valor, quien desmontó el animal con su ropa hecha pedazos, por los lugares en donde el toro lo había llevado a pasear, pero feliz por el paseo realizado.

-Te felicito amigo Evaristo, eres muy valiente, vamos a mi pesebre –le dijo- para que veas lo que tengo guardado para ti.

Cuando llegaron al lugar en donde el Coyote tenía su ganado, éste mostró a Evaristo los costales de varios tamaños amontonados allí, repletos de monedas de plata: -Escoje el costal que te guste, amigo. Te lo regalo porque lo mereces por tu valor.

Pero como el doble o tótem de Evaristo era el venado –un animal bueno- no aceptó el regalo de Lorenzo, porque el tótem de éste era el coyote, que es el perro del diablo, el mal. (Según los indígenas mexicanos todos los hombres tenemos un doble o tótem, guenda en zapoteco, el cual es un animal que nos acompaña para protegernos desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte) Lo que hizo Evaristo fue contar la historia a sus amigos, por eso es que se sabe la historia del Coyote y el Venado.

*Escrito por Víctor de la Cruz a partir de lo que contó Arnulfo Mendoza. Traducido al zapoteco por Enedino Jiménez y Vicente Marcial.

Tomado de la Revista “Guchachi Reza (Iguana Rajada)” /Edición 48/noviembre-diciembre 1994/p.p.22,23/Juchitán Oaxaca.