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Tue, Oct

Recuerdo de líderes

Istmo
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Justo Pineda*

Recopilación y transcripción de Víctor de la Cruz

…Derrotaron a los paisanos aquí después de cuatro días de combate, porque se les estaba agotando el parque, estaban muy mal armados; luego vino un batallón de auxilio, el 15 batallón. Ellos tenían cercado al 30 batallón ahí donde está la Escuela Juchitán, era el cuartel. Los cercaron. Estaban combatiendo ya cerquita cuando llegó el pinche batallón con un Coronel Manzano. Y ese trajo un buen artillero; desde ahí donde está la terminal cruzaba un camino para Espinal, en un rastrojo que había ahí donde está la terminal, desde ahí estuvo disparando los cañones. Salvó la torre de la parroquia y el cuartel, todo lo demás lo derribó a cañonazos. ¡Qué puntería de canijo! Y los paisanos huyeron. Jueves a las dos de la tarde empezó, toda la tarde, toda la noche; el viernes tres de noviembre todo el día, toda la noche; el sábado todo el día, toda la noche; el domingo llego el cañón y se pelaron. De hambre estaban matando a los soldados esos. Tuvieron necesidad de alimentarse con las acémilas del batallón, las mulas las mataron para comerlas, sin sal. Estaban cercados completamente cuando llego el (batallón). Por acá andaba el licenciado Che Gómez. Yo tenía doce años entonces y un primo mío, hijo de una hermana de mi madre, era verde porque su papá fue verde, de Cheguigo. Y mi tía que era de la familia Saynes, pero como su esposo era Orozco, verde, de Cheguigo, pues se volvió verde mi tía. No se volvió, sino que jaló del lado de su marido, era verde, por eso mi primo Ismael era de Che Gómez. Y muy cercano de Che Gómez. Cuando momentos antes de empezar el combate me regañó, porque estaba ahí curioseando en el parque, viendo a uno que fue mozo y que estaba afilando un otate verde, cuando le dije para qué iba a servirle el otate, me dijo en zapoteco: Para gudua’ xlomo ca dxu’ ri. Mira qué pensamiento tenía, qué bárbaro. ¡Cómo iba a ponerse contra un batallón de muy buenos tiradores, todos los soldados salían diario a tiro al blanco! ¿Qué ofuscado estaba? Esteban se llamaba –Para qué quieres ese otate, Esteban. – Para gudua’ xlomo ca dxu’ ri’. El me regaño para que me fuera a la casa. En el trayecto me sorprendió el combate; pero ellos empezaron, los de Che Gómez. Después de esos cuatro días de combates se retiró Che Gómez; anda por el panteón y la estación. Yo fui a esperar a mi abuelo, mi abuelo era rojo, también era abuelo de Ismael, papá de su mamá, por esos Saynes.

El pueblo eligió el color verde, se puso ramas y andaba en el campo. Los otros se pusieron para distinguirse un bando de otro bando. A mí me platicaban en Oaxaca, alcance a conocer al Coronel Pancho León, el que hizo el palacio; lo ví toda vía. Me dijo que las que la familia de Che Gómez era roja, roja. Ya había habido aquí antes en el 82. Y hubo esa división entre verdes y rojos. Y la familia de Che Gómez –me dijo don Pancho en Oaxaca- que hasta las gallinas blancas las pintaba la mamá de Che Gómez con Brasil. Hubo aquí Brasil, el palo Brasil. Con eso me dijo Pancho León que pintaba doña Rosalía, la mamá de Che Gómez.

Las gentes que anduvieron en el monte andaban con ramas verdes y como Che Gómez fue el líder del pueblo, el verde fue el símbolo de la oposición al gobierno. Así que no quiso el gobernador hablar con él. Al contrario, quería consignarlo para que respondiera de los delitos, de un delito del fuero federal: rebelión; del fuero común, pues robo, robo, saqueo, homicidios. Solicitó el gobernador el auxilio de las fuerzas federales para capturar a Che Gómez, porque andaba armando. Se lo negó el comandante de la zona. No recuerdo si era el general Cejudo, Roberto F. Cejudo, o todavía era Merodio, porque después de Cejudo fue el general Luis G. Gamboa. No me acuerdo quien era el comandante, pero le negó a Juárez Maza el auxilio que le solicitó, por instrucciones de la Secretaría de Guerra.

Santibáñez se llamaba Antonio, explotaba como explotó el general Charis después, siguiendo su línea: Era la de no dar escrituras a los campesinos que ocupaban lotes, la mayor parte de Xadani. De hecho eran los dueños de los lotes, pero de derecho no. Puesto que Santibáñez era el dueño; pues Charis, delante de mí, le dio ocho mil pesos a uno de los Santibáñez, que era un superviviente de los Santibáñez. Andaba arrancando en México y Charis estaba bien, era general. Ahí en el hotel Buen Tono de 16 de septiembre, estaba yo jugando barajas con Charis, cuando llegó un güerito él, creo que había sido cónsul, a proponerle. Pedía veinte mil pesos. – No - le dijo Charis – si quieres ocho mil pesos te doy. Hazme un recibo y nada de notario ni nada. Ocho mil pesos como éstos. Dio un recibo: “Recibí del general Charis…” Con eso vino y se posicionó ahí y ningún guapo lo pudo quitar de Monte Grande. Se lo compró a uno de los supervivientes en ocho mil pesos; pero un recibo cualquiera, nada de escrituras, ni justificó el otro ser dueño ni nada. Él sabía que era uno de los hijos del terrateniente español aquel, Antonio Santibáñez. La otra propiedad anexa ahí, Gui’ xhi’ guendadxiña que se llama El Zapotal, ésa sí la compró en escritura a la viuda del general Maycott, Esperanza Ureta viuda de Maycott. Esa le costó dieciocho mil pesos, ante un notario. El llevó a Chagoya para que viera. Así en esta forma adquirió Charis eso, nada de que ante un juez, ante un notario. No más sabia que eran güeritos de ojos verdes, se sabía que eran hijos de Santibáñez. Y dijo Charis: -si quieres ocho mil, ahí está. Y vino Charis y nunca surgió un guapo que dijera eso no es tuyo. Ahí se posicionó y siguió la misma trayectoria de Santibáñez viejo. Es decir que todos los usuarios campesinos de Xadani le dieran cada año un dinero, se cotizaran para ir a pagar el impuesto. El arregló borrar a Santibáñez y que pusieran a Charis ahí. Y le dio el nombre de Obregón a la colonia que fundó ahí, Álvaro Obregón. Él fue el que le dio el nombre de Obregón.

En la época de Chico López Cortés mandó a un ingeniero, Guillermo Luna, para medir las tierras y que los campesinos de Xadani tuvieran su título. Le dio veinticuatro horas para desalojar ahí, Charis. Que no respondería a su vida si se quedaba. Recogió sus aparatos, se peló Luna, enviado por el gobernador Chico López Cortés para consolidar la posesión de los xadanis. Como lo querían. No más les exigía que vendieran que prevalecía toda la cosecha de ajonjolí. El no escatimo ni los explotó. Llegaban los acaparadores: -A cómo están pagando, a ese precio les pago. Entonces él acaparaba en lugar de que llegaran extraños, él liquidaba religiosamente a los campesinos. Se emborrachaba con ellos y estaba muy bien. Lo cual no hizo Chico Dxiña ni ninguno. Siempre eso distinguió a Charis, se juntaba y se revolvía con la gente. Mucho lo quisieron. Yo tuve mucha amistad con él, aunque fuera un pillo, éramos contrarios aquí. Pero en México y después aquí también, pues como yo no me metí después en nada, nos juntábamos aquí. Nunca me dijo “quiero que seas mi partidario”, ni yo tampoco. Yo cantaba una canción. A mí cuando estoy borracho me da por cantar, por abrazar, por besar; no por andar pleitando. Y ahí una canción: Camilo Flores: Yo le agregué:

Gubaaba’ ridxi’ Camilo Flores
Gubaana’ rigueela’ Leodoro Charis

-Biinda’ dxa ngue- me decía Charis cuando andábamos. Andaba pretendiendo a esa Tina Peeque’, que estaba muy guapa, la sobrina de Min Peeque’. Y traíamos la banda de Sau. Un abogado tehuano, que era magistrado en Oaxaca, acomodó a uno de los sones, Juanita creo a Petenera, una letra en zapoteco. Tenía una parte que decía:

Pa xa hora cayaca’ bixidxu’
ngueca la ñaca ti gugu huiini’
para ñedaguunda’ ndani’ li’dxu’

Pa gabiá chi gacu’ guugu huiini’ ya’, todavía ti bia’qui’ tiso’pe nga ñacalu’. Se molestó mucho.

Ha sido el líder máximo de Juchitán. El primer, el mayor fue el, licenciado Che Gómez. Ese en la época del porfiriarto no le permitieron vivir en Juchitán. Lo conocían muy bien. Don Rosendo Pineda, era el llamado “eje diamante del partido científico”, fue condiscípulo de Che Gómez en el Instituto de Ciencias y Artes. Él lo trato mucho y lo conocí mucho. Nunca permitió que viniera Che Gómez a Juchitán. Lo tenía allá en Baja California, entonces la Baja California era un país extraño por la falta de comunicaciones. Ahí siempre tenían a Che Gómez como Juez de distrito o jefe de oficina principal de timbre, en fin; pero lejos, lejos. Apenas triunfó Madero se dejó venir, se dejó venir Che Gómez aquí, enemistado con Madero. Él y Carranza y los Vázquez Gómez, los hermanos Francisco y Emilio Vázquez Gómez que estaban en el gabinete de Madero, estaban inconformes en que Madero hubiera licenciado a los elementos que lo acompañaron en la revolución. Se entregó, fue un craso error. ¿Cómo iba a mandar usando los mismos soldados de Porfirio Díaz? Lo tildaban de loco. Así decían de Madero, que era un loco. Era una locura enfrentarse a Porfirio Díaz, y él lo hizo y le ganó, lo obligó a salirse del país.

*Tomado de la “Revista Guchachi Reza (Iguana rajada) /Número 26/ Marzo de 1986/p.p. 21, 22,23/Juchitán de Zaragoza, Oaxaca.