27
Thu, Jun

El característico tejido oaxaqueño ha conquistado el mundo. Aquí una reflexión sobre la apropiación por mexicanos que han mostrado en otros países las raíces de este arte, con respeto y originalidad.

La conservación del himen tiene más valor que el amor. Representaba una regla de dignidad, honestidad. La mujer casadera debía honrar a sus padres con su virginidad, por lo mismo su pudor era cuidado. Es parte de una convicción arraigada ancestralmente, que hoy resulta irrelevante.

Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca (Cortamortaja). -Poco se ha escrito sobre el son “La Sanjuanera”, un son que pocas veces se toca durante todo el año, pero que en el mes de junio se ejecuta con especial alegría.

Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca (Cortamortaja). - Pese a la creencia arraigada que se tiene de que los tehuantepecanos del siglo XIX arroparon a las huestes francesas y los protegieron en las batallas de la guerra de intervención, hoy sabemos que, en sus inicios, el pueblo tehuano vio con malos ojos la llegada del emperador austriaco.

En el Istmo de Tehuantepec, las bodas o uniones matrimoniales presentan más o menos las mismas manifestaciones en su ritual, puede decirse que es herencia del mestizaje, con las variantes que se observan en los pueblos istmeños. Hace muchos años que, en Tehuantepec, cuando la novia, por alguna causa o circunstancia, había perdido su virginidad, en las puertas del templo se colgaba una olla con un hoyo en el centro. En Juchitán, la novia, consumado el “rapto” o “huída” tenía que permanecer en la casa del novio, hasta la consumación del matrimonio civil y religioso, en Espinal, los familiares más cercanos del novio, en caso de que éste haya “raptado” a la novia, tenía que mostrar alguna señal, un jirón de tela manchada de sangre, indicativo de que es virgen, que “no ha sido tocada por nadie”.

El Istmo de Tehuantepec, es un valle costero bañado al sur por el Océano Pacífico y al norte por el Golfo de México. Geográficamente forma lo que ha dado en llamarse la cintura de la república. Comprende los distritos de Tehuantepec y Juchitán en Oaxaca; Acayucan, Minatitlán y Coatzacoalcos en Veracruz y parte de Cintalapa y Arriaga en Chiapas.


A principios del siglo XVIII, hace más de doscientos años, era muy conocida en Juchitán una familia zapoteca que se apellidaba Piñeda. No se sabe hoy de miembro alguno de ella, de lo cual se reduce que, andando el tiempo, los descendientes convirtieron el apellido en Pineda.