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Sun, Sep

Neto González, yo, vivía en mi rancho, al norte de Niltepec y bajo los cerros de Los Chimalapas, desde donde notaba los malos tiempos por venir: las nubes espesas de octubre que se montaban sobre los cerros me indicaban el viento duro, y entonces procuraba estarme quieto en casa. Mi rancho, para mayor razón, se llamaba Pie de Banco.

Si le preguntaran a un zapoteco del Istmo de Tehuantepec cómo se dice color en su idioma, diría: color, como en español. Ya desde el siglo XVI, Juan de Córdova decía en su Vocabulario… que los zapotecos no tenían un nombre para el color, que cuando querían preguntar: ‘‘¿de qué color es?’’, decían, xi lúni ‘cómo es su cara’; es decir, cómo es la superficie del objeto.

Juchitán es una ciudad de banderas, estandartes y flores. Los juchitecos en todas o casi todas sus fiestas usan banderas y, en sus festividades religiosas estandartes, sin embargo las flores siempre van con ellos, en los altares, en sus tocados y en todos y cada uno de los bordados, que las mujeres atrapan con sus puntadas entre hilos y agujas, para estamparlos en sus trajes que usan majestuosamente en sus fiestas o diariamente en su vestimenta.

La voz huipil es un término náhuatl que se refiere a la prenda que cubre el torso de las indígenas mexicanas. Juan de Córdova en su Vocabulario castellano zapoteco del siglo XVI lo registra como: pitàni. Señala que esta vestimenta fue usada por las zapotecas y la llamó “Camisa de mujer india”.

Don Pancho Tin fue un individuo que en toda su vida, que fue de 98 años, no usó sino dos sombreros.

Solemne, con una mirada apacible que da el paso de sus más de setenta años, Victoriano López deshila un sermón por donde asoman resquicios de viejas palabras, oraciones enhebradas con antiguas sentencias teñidas por su sangre zapoteca y por citas hilvanadas en el libro que dejara Casiodoro de Reina allá por el siglo dieciséis.