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Tue, Oct

Introducción: En 1993, ante la urgente necesidad de procrear al segundo de nuestros hijos, que, por circunstancias especiales, mi esposa Lina López Morales no había podido concebir después de siete años de nacida Coyolicaltzin, nuestra hija, la fama de doña Hilaria Sosa tocó nuestros oídos: Que ella poseía el don de los secretos de la medicina tradicional de los zapotecas tehuanos. Que ya se contaban por cientos las parejas que le debían la felicidad, por la fecundación que su té y la destreza con que sus manos habían hecho, al tallar y sobar caderas, cintura, abdomen y vientres de sus pacientes, a las que les devolvió su fertilidad.

Los nativos del istmo de Tehuantepec no tienen, como los otros pueblos aborígenes de la República, un gran desprecio por la vida. Al contrario la aman y la apellidan dulce. Aman la vida, pero no les importa estar ya muertos. Y es que estos hombres se someten, sin posición, a la voluntad de los dioses, como los griegos con quienes sin insistir me place compararlos; saben que llegada la hora – núhna – nadie puede cambiar el curso del acontecer.

La historia del puente Tequisistlán se empezó a escribir en 1941. Más de tres cuartos de siglos duro este coloso. Para tener una idea era 10 años más viejo que la empresa de mármol y vio nacer 15 años después a la presa Benito Juárez.

Una lluvia incansable intenta borrar todo vestigio de la vorágine apenas pasada. Se escurre por las paredes del Salón na Reyna, de la Octava sección, y mira atónita a quienes lucen felices, danzando bajo la techumbre, con la garganta henchida de entusiasmo, en plena “lavada de ollas” de la última vela juchiteca, la Vela Cheguigo, la que remata a toda hasta la semana intensa de las fiestas titulares de este mundo y aparte que es Juchitán.

Muy distinto al de carne y hueso que posa en árboles o peñas, el águila real de mármol se planta en lugares muy íntimos y bajo techo. Pudiera ser un sentimiento nacionalista. La figura tal cual es. O, por el poder que representa en sí, pero, llego a ser la más preferida del cliente.

El panteón de dolores en Tequisistlán, homónimo del primer panteón de la ciudad de México. En este panteón hay todo tipo de tumbas pero resaltan y proliferan tumbas clásicas complejas, también, llamadas populares que se encuentra en el país desde los años 1900.

No se olvida cuando se inicia La Primaria, es mi caso que no fui al Kinder. La maestra Florentina Castillejos, de Ixhuatán fue mi maestra de primer año. Ahora, el salón con su pizarrón y arriba de él pegadas unas láminas. En una un gallo que con pico arriba cantaba quiqui riquí. En otra, una vaca blanca con lunares negros que mugía. Quedó como recuerdo una foto del grupo con la maestra en el centro. Entre los niños sentados en el suelo, uno de "Acámbaro" con overol.