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Sat, Feb

Viejecito ahora de setenta y cinco años, con el cuerpo casi caído hacia adelante, en sus buenos tiempos Arcadio Martínez había sido un hombre que rebosaba salud.

Istmo de Tehuantepec.- La carrera de ta’ma’ma’ consistía en un juego compuesto por dos grupos de niños, marcaban en el piso el lugar de salida así como la meta, hecha las marcas cada grupo seleccionaba a una pareja de corredores, uno de esa pareja por cada lado se ponían en cuclillas y el otro se lo montaba y a la voz de salida ambos corredores salían con dirección a la meta, en la mayoría de los casos el que iba cargando no soportaba el peso por lo que caía con su carga, se volvía a levantar y el otro lo volvía a montar hasta llegar a la meta y de regreso el que había cargado tenía que ser transportado de regreso, y así sucesivamente hasta que participaran todos aquellos que iniciaron el juego.

En esos tiempos, la práctica de los valores entre los habitantes de la comunidad, era la base fundamental para la convivencia fraternal y respetuosa en ambientes familiares y vecinales. En el barrio de Saltillo, conocido también como cheguigugueete o novena sección,una fiesta de bodas significaba un acontecimiento que llenaba de alegría hasta en los corazones de los vecinos de los contrayentes.

Después de 150 años de distancia; como ha sido la rutina diaria, ese día se asomaron para contemplar desde las alturas celestiales el estado que guarda aquel pueblito, que con sus liderazgos se cubrió de gloria al derrotar a los güeritos de la famosa cola napoleónica.Al paso de los tiempos, ellos presenciaron la transformación lógica de aquel espacio de jacales y pequeñas casas de adobe, en una ciudad, cuya actual fama, es digna para un escenario de película de suspenso y terror. También observaron los sorprendentes cambios en sus habitantes; de aquellos hombres y mujeres valientes defensores de la libertad y soberanía de su patria grande y chica, solo quedan simples fotografías carcomidas por los polvos de los miles dedías pasados.

Se llamaba Pedro Cabrera ( Pedru Basha ); de niño nunca conoció la escuela y, lógicamente tampoco las letras del abecedario; de su padre, heredó la inteligencia y la creatividad para componer bonitas canciones en su lengua materna. Obligado por la pobreza, la mayor parte de su infancia se la pasó elaborando cintas y sopladores de palma, bajo la dirección de su padre, el Genial Compositor; Manuel Reyes Cabrera ( Tá Rey Basha ).