02
Thu, Apr

Y cayó el puente grande
“Dios mío… Santo cielo perdónanos” -exclamaron al unísono aquellas mujeres, en tanto que caían de rodillas sobre la tierra de cerro y se daban fuertes golpes de pecho, para expiar ante el Eterno Hacedor, sus pretendidos pecados.

Pinopiaa fue una princesa zapoteca nacida en Zaachila en 1504. Hija de los Reyes Cosijoeza y Coyolicaltzin, su nombre significa “esencia de la virtud”.

En algunas ocasiones, se ha confundido a dos sacerdotes zapotecos del istmo de Tehuantepec, quienes hicieron su aporte a las causas liberales. Cada uno en su momento y de diferente manera. El uno con arma en la mano, el otro con sotana y discurso combativo y persuasivo, pero iguales los dos en el servicio a la patria.

Yúdxi, le llamaron los zapotecos en su dulce lengua al pueblo que llegara a ser el granero del Istmo de Tehuantepec, al que los aztecas tradujeron como Xalapa que se deriva de las voces náhuatl xalapan: xali, arena; apan: río arenoso, agua arenosa. Su nombre oficial es Santa María Xalapa del Marqués, por lo que perteneció en la Colonia al Marquesado del Valle, propiedad de Hernán Cortes.

Para 1929, la llamada revolución mexicana ya había pasado, sin embargo; esporádicamente salían a atacar a las poblaciones los grupos rebeldes que andaban a salto de mata merodeando la región.

De acuerdo a la cosmovisión de la cultura mesoamericana, todo se regía por los designios del oráculo. Había que creer y cumplir con estricto apego a la religión. Porque era mandato divino, porque así lo decían los dioses. Uno de los actores que favorecieron a los españoles al arribar a suelo mexicano fue la creencia en mitos y supersticiones. Los sabios sacerdotes explicaron los fenómenos sucedidos como hecho anómalos, señales inequívocas del próximo fin de su civilización.

Introducción

Asesinado Che Gómez y un grupo selecto de partidarios en el punto llamado Barrancón, en la noche del 4 de diciembre de 1911, después de ser detenido ese mismo día en la Estación de Rincón Antonio (hoy Matías Romero), el Gobernador del Estado, Benito Juárez Maza, visitó Juchitán y Tehuantepec, durante los dos días subsecuentes, dio posición del cargo de Jefe Político al impopular Enrique León y quizá pensando en el dicho de aquel, de que “muerto el perro se acabó la rabia”, emitió una ley de amnistía contra los acusados de rebelión y sedición, exceptuando – de manera inteligente – a los presuntos responsables de delitos contra las personas y las propiedades afectadas en la revuelta de noviembre de 1911.