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Fri, Dec

‘’Si yo supiera quién inventó el zapoteco lo colgaría del árbol más alto de Juchitán. Escúchenme, es la última vez que se los digo: ¡No quiero que lo vuelvan a hablar! Es un dialecto. No sirve para nada. Apréndanse el español y podrán caminar por el mundo sin renquear’’.

Neto González, yo, vivía en mi rancho, al norte de Niltepec y bajo los cerros de Los Chimalapas, desde donde notaba los malos tiempos por venir: las nubes espesas de octubre que se montaban sobre los cerros me indicaban el viento duro, y entonces procuraba estarme quieto en casa. Mi rancho, para mayor razón, se llamaba Pie de Banco.

Si le preguntaran a un zapoteco del Istmo de Tehuantepec cómo se dice color en su idioma, diría: color, como en español. Ya desde el siglo XVI, Juan de Córdova decía en su Vocabulario… que los zapotecos no tenían un nombre para el color, que cuando querían preguntar: ‘‘¿de qué color es?’’, decían, xi lúni ‘cómo es su cara’; es decir, cómo es la superficie del objeto.

Juchitán es una ciudad de banderas, estandartes y flores. Los juchitecos en todas o casi todas sus fiestas usan banderas y, en sus festividades religiosas estandartes, sin embargo las flores siempre van con ellos, en los altares, en sus tocados y en todos y cada uno de los bordados, que las mujeres atrapan con sus puntadas entre hilos y agujas, para estamparlos en sus trajes que usan majestuosamente en sus fiestas o diariamente en su vestimenta.

La voz huipil es un término náhuatl que se refiere a la prenda que cubre el torso de las indígenas mexicanas. Juan de Córdova en su Vocabulario castellano zapoteco del siglo XVI lo registra como: pitàni. Señala que esta vestimenta fue usada por las zapotecas y la llamó “Camisa de mujer india”.

Don Pancho Tin fue un individuo que en toda su vida, que fue de 98 años, no usó sino dos sombreros.