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Thu, Aug

En efecto, como diría el maestro Rubén Darío, ya se oyen los claros clarines de la cuaresma. Al ritmo de las enaguas de holán que se menean con la cumbia barulera, todo Xadani se reúne en un enorme fiestódromo habilitado en la unidad deportiva, y aprovechando el perímetro de la cancha de fútbol se alinean las mesas, las sillas, las suculentas botanas (sueltan el macabil, el abulón y el pulpo su aroma de mar en los platillos que reparte Lourdes Valdivieso entre sus invitados). Ya viene el cortejo cuaresmeño, ya viene el cortejo, señoras y señores.

Hacia 1995 quiso la fortuna ponerme al habla con Eraclio Zepeda. Le propuse, sin más ni más, que viniera a echar cuentos en Juchitán. Acordamos la fecha y otros asuntos para el caso.

Nadie se podría imaginar al general Charis en Comala, como Pedro Páramo en la novela de Juan Rulfo.

Pero fuera de la historia fantasmal del escritor mexicano, Rulfo contó a Jean Meyer, el gran historiador de la guerra cristera, que el general Heliodoro Charis Castro como encargado de zona militar de Colima y sur de Jalisco recibió con honores en Comala al general cristero Andrés Salazar.

Eran tres hermanas de ojos bellos y negros, que al clavarlos sobre sus enamorados los embriagaba y seducían como los alados insectos que a fuerza de rodear la llama dejan al fin sus alas en ella.

“Era muy inquieto, y tenía un ímpetu que motivaba a cada persona que le acompañaba en su caminar”, señalaron algunos amigos de Alberto Quiroga Carballo, conocido entre sus colaboradores como “Payaso”.