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Después de un largo peregrinar entre abogados que afilaban sus colmillos como cualquier animal salvaje, pude al fin contestar la demanda de abandono de hogar que mi marido había interpuesto en mi contra.

Sambo'co'(Paperas) la inmensa mayoría de los pobladores de la región tenían por costumbre que cuando se les inflamaban los ganglios submaxilares ante la falta de médicos y medicinas alopatas optaban si la inflamación apenas empezaba se tomaba de las orejas al enfermo y lo levantaban del lóbulo, en algunos casos se lograba la sanidad y cuando esto no era posible, entonces se optaba por poner sobre la inflamación lodo en estado de descomposición y en cuanto éste empezaba a secarse, se retiraba y se volvía a aplicar nuevamente lo mismo hasta lograr desinflamar los ganglios.

- Se transcribe íntegramente el relato de esta mujer que omitimos sus datos, a petición de ella.

Cuando me separé de mi marido tenía como veintidós o veintitrés años, no recuerdo exactamente, era una mujer muy joven, con dos hijos, el mayor un niño de tres años y la más pequeña dos.

Con la mexicana Amaranta Gómez Regalado, activista LGBTI, indígena y muxhe.

Tehuantepec, Oaxaca.- El próximo sábado seis de agosto en la casa de la cultura Oaxaqueña, en la sala Arcelia Yañis, se presentará el libro catalogo “MIGRANTES” del Colectivo Binnigulaza, dentro del Encuentro Internacional de Fotografía FotOax 2016 que se desarrollará del 30 de julio al 6 de agosto del año en curso.

1ra. Parte::..

“Yo ni conocí a mi abuelita, mi mamá no hacía tortilla, yo na más fui aprender ontá mi prima a hacer tortilla, desde los 8 años le dije que quería aprender y entonces empecé haciendo unas tortillas chiquitas para tacos, que entregaban en el centro. Al principio se pegaba la tortilla o se quemaba mi mano, ya cuando vi cómo lo hacían y volteaban la tortilla fue que le dije a mi mamá que me ayudara porque quería ser tortillera y hacerlas en la casa”.

Debate sobre el baño complica aceptación de poblado mexicano del tercer género

JUCHITÁN DE ZARAGOZA, México - Para la gente de este poblado en el estado sureño de Oaxaca, la existencia de un tercer género forma parte de la vida tanto como el antiguo lenguaje zapoteca que hablan y las enormes iguanas que holgazanean en los árboles.

Tengo en medio de la frente, como si fuera un claro espejo de la memoria, la primera vez que viajé en tren. Andaba por los once años y no era más que un tlaconete avispado, con menos de metro y veinte de alzada. Eran tiempos, lo recuerdo siempre con una enorme sonrisa, en que nos disputábamos la compra de los cuatro ejemplares de una revista especializada en lucha libre, deporte que nunca jamás vi presencialmente, sino cuando un lustro después la televisión llegó a casa.