19
Thu, Sep

El primer nombre que tuvo Darina Guerra fue Jacinto. Su nuevo nombre lo escogió a los 15 años, cuando asumió su identidad como muxe. Darina nunca tuvo miedo de ser rechazada por quién es, y su familia y vecinos la apoyaron en la transición a su nueva identidad. En Juchitán, una ciudad en el estado de Oaxaca a 700 kilómetros al sureste de la Ciudad de México, ser muxe no es sinónimo de discriminación. Tampoco de exclusión. Ser muxe es tan natural como ser hombre o mujer.

Datos Biográficos:

El licenciado José F. Gómez, nació en la ciudad de Juchitán de Zaragoza en 1858, siendo sus padres, don Gregorio Gómez y doña Rosalía López de Gómez.

“Con el nombre de Espinal existe en el Istmo un pueblo perteneciente al distrito de Juchitán y su censo según datos estadísticos hoy es de Dos mil quinientos habitantes, no exceptuando los pueblitos de pecho. Ésta humilde población que fue hacienda en otro tiempo tiene una historia o leyenda o tradición, tal vez cuento, que en malos asonantes relacionar hoy pretendo. Lector si eres indulgente perdona mi atrevimiento.

La población de Unión Hidalgo, actual cabecera del municipio del mismo nombre, no existía en los tiempos de don Pancho; pero en las márgenes del río Chicapa, se encontraban regadas varias pequeñísimas rancherías de juchitecos, ranchos insignificantes, débiles desde todos los puntos de vista, entre los que destacaban, “Ranchu Gubiña” y “El Zapotal”, sin trazas de mejoramiento alguno, ni esperanza de recibir alguna ayuda para su progreso, por la misma circunstancia de su raquítica estructura (seis o diez chozas) de palma cada una de ellas.

Si esta historia hubiera ocurrido en la época en que los días y meses ya tenían nombres, el mes se llamaría abril.

Sucedió lo que sucede en los meses secos de año, que las aguas fueron encogiéndose más y más hasta que en la plana blanca del Mar Muerto sólo había una charca. El agua quiso salirse; pero la detuvo, cerca del monte, un mangle. Las raíces de este árbol estaban en el aire y el agua a sus pies era honda. Pero el calor persistió y a mediados del mes siguiente la profundidad era menor que una cuarta. Entonces se supo que allí vivió Lagarto, porque la mitad de su cuerpo áspero se quemaba al sol.

Anteriormente, en las ferias provincianas, entre los juegos que hacían las delicias de los niños eran los “caballitos”, es de saberse que, al principio, es decir, antes de la era de las maquinas, este Tío vivo giraba por la fuerza física, cuyos impulsos se las proporcionaban los propietarios o por los niños que se ganaban una vuelta gratis.

Los expertos en el tema asocian las insurrecciones a los conflictos por la tierra. De hecho, en el pueblo de Juchitán casi todos los líderes rebeldes fueron hijos de gente humilde, mayoritariamente campesinos.

Para Natalia, Rociíto y Alba.

Al centro de la mesa, un retrato de Rocío, seria, mirando al ojo de la cámara fotográfica, acaso una leve sonrisa se dibuja en la comisura de sus labios, las cejas enarcadas. El cabello corto, probablemente después de su primer ingreso al hospital, luego de su libro Neurología 211 (anoche dije que si es difícil escribir “bien” acerca de la muerte, es doblemente complicado escribir “bien” en torno a la casi muerte de uno, lo sé de cierto). Un collar de guie’ chaachi’ –flores de mayo- rodea el marco de la imagen. A su lado, flores rojas, amarillas, blancas, moradas, y cinco veladoras, iluminan la noche en que Rociíto, la hija de Natalia dice entre sollozos: Si yo no puedo con el dolor, mi mamá menos va a poder.