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Tue, Mar

Época de Pandemia

Leía esa noche del jueves 7 de Septiembre la novela “Columna de Hierro” de Taylor Caldwell; estaba concentrado en mi lectura sentado en el corredor de la casa. La vida del político, jurista, escritor y gran orador que fue Marco Tulio Cicerón. Su relación de adolescente con el niño que fuera Julio César; que nadie imaginó aquel niño llevaría la expansión o ensanchamiento del imperio romano. ¡Quién! Se iba imaginar que Julio César estaba predestinado de ser el gran emperador ¿romano?... En estas cavilaciones estaba y que de repente levanto la vista y veo el cielo con una luna grande, enigmática como cargado de un funesto mal augürio; sólo que no adiviné el contenido de la rareza con que me pareció ver la luna.

“Juchitán, Oax., a 5 de septiembre de 1966.

Cada 5 de Septiembre en Juchitán hay desfile de los estudiantes de todos los niveles. Hay también desfile militar y por la noche el ayuntamiento ofrece una fiesta, la Vela 5 de Septiembre. Es la celebración de aquella batalla entre juchitecos y los soldados franceses que llegaron para apuntalar el imperio de Maximiliano de Habzburgo y su esposa Carlota en 1864.

Se sabe que el extinto soldado revolucionario, el general Heliodoro Charis Castro, fue el que gestionó, con el apoyo de varios juchitecos, para Juchitán y para la región la Escuela de Enseñanzas Especiales No. 12. Cierto que el combatiente de Ocotlán, Jal. era iletrado, pero también un visionario que impulsó la cultura y el progreso de su pueblo, de su gente.

Dani Guiengoola --'Quiengola' para otras variantes dialectales--, es una montaña situada a pocos kilómetros al noroeste de Santo Domingo Tehuantepec. A más de 400 metros de altura se levanta la ciudadela zapoteca que fue centro ceremonial y político de los últimos soberanos binnigula'sa'.

Desde la calla 16 oí los cantos, voces con quiebres, como cuando los rezadores entonan el ‘alabado’. Con mi pésimo inglés dije: qué hay allí. Y con mi pésimo oído entendí: es la iglesia de Abisinia, todos los domingos hay misas especiales.

La vida se puede medir en historias, en minutos, en anécdotas que van cimentando el carácter de una región. Oaxaca tiene alma de mujer, esencia de mujer. Estoica como es, esta recóndita Oaxaca vale que sea contada desde el fondo hasta el último suspiro.

No es el relato sobre un personaje sobrenatural. Es un “apodo”, por llamarlo de alguna manera, asignado por un locutor de origen chiapaneco avecindado en Juchitán, de un “autobús” escolar de la Escuela de Enseñanzas Especiales No. 12, hoy Esc. Técnica No. 50, que transportaba, previo pago puntual al entonces director Che Bris, 8, 9 y 10 pesos mensuales, a adolescentes estudiantes de Ixtepec, Ixtaltaltepec y Espinal a finales de los años 40 y todos los comprendidos de los 50 y 60 del siglo pasado.