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Mon, Jan

El Ultimo Reencuentro

Poemario
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Un día que no puedo precisar, la casualidad hizo encontrarme  con  mi entrañable  amigo MARIO  GUERRA  JIMENEZ,  a  quien  saludé  efusivamente con el clásico  apretón de  manos y el  abrazo  fraternal.
Le pregunté cómo se sentía de salud,  espetando –Bien, ahorita estoy esperando la hora para emigrar a la ciudad de Oaxaca, por cuestiones de trabajo. Sonriente interrogué nuevamente.  Pienso que ya deberías de pedir  tu jubilación, ya tienes más de medio siglo de estar laborando, para qué quieres tanto dinero, si tus hijos  ya son profesionistas , ya no te piden nada; al contrario, me imagino que ahora les toca darte o cuando menos ya no te piden.

 

Sonrió levemente contestando: -Hermano mío, en muchas ocasiones lo he pensado, pero llego a la conclusión que el trabajo es mi vida y sin él creo que moriría en breve. Estoy acostumbrado al trabajo, es mi distracción ya lo experimentado en la época de vacaciones, me aburro, me desespero no hacer nada, quisiera ser como otros colegas profesores que se adaptan a la vida inactiva  y yo siento que conmigo no va la holganza. Desde niño acompañaba a mi padre al campo a sembrar la tierra y levantar la cosecha. Así me siento mejor,  trabajando mientras Dios me preste vida.

Después de aquel reencuentro, dejamos de vernos. Hoy sin esperar la noticia me encontré a una persona del mismo gremio que Mario. Dijo –ya supiste que falleció tu amigo?. Atónito pregunté ¿Quién?  Nada menos que tu amigo y hermano Mario Guerra. ¿Cuándo? – El sábado 9 de noviembre; se dice por boca ajena  que sufrió una deficiencia cardíaca.

Confieso que las lágrimas me traicionaron y dejé que rodaran sobre mis mejías, para después orar por el eterno descanso de su alma; y que Dios lo tenga en su Santa Gloria.

M archaron conjuntamente tú y el atardecer

A delantándote un poco por el camino.

R elegando a tu paso conocimientos, que

I ducieron a educandos un porvenir,

O rgulloso paladín del saber