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Mon, Jun

Divorcio, Relato de una mujer istmeña (2da. Parte)

Cronicas & Reportajes
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Después de un largo peregrinar entre abogados que afilaban sus colmillos como cualquier animal salvaje, pude al fin contestar la demanda de abandono de hogar que mi marido había interpuesto en mi contra.


Había logrado demostrar que no hubo abandono de hogar, hui por malos tratos y una vida de infierno que me estaba dando desde hacía mucho.
Él muy “cabrón” no se quedó con la derrota inmediatamente me demando el Divorcio.
En esta segunda etapa de mi vida descubrí el infierno sobre la tierra, la verdadera corrupción que se daba entre algunos abogados y las autoridades,
Algunos que yo había contratado al primer encuentro donde conocían a mi marido, inmediatamente recibían sobornos para chicanear mi asunto, a veces se hacían los ausentes para no comparecer en la fecha citada o simplemente me pedían dinero para invitarle a comer al Juez, se convertían en barriles sin fondo, muchas veces dude de eso y otras, pude ver cómo el Juez transfería las fechas a su antojo.
Juchitán es una ciudad pequeña, aunque pareciera tan grande, no deja de ser un pueblo grande que se vive como se puede y con lo que se pueda.
Los comentarios de corrupción de los abogados en quien depositaba mi confianza llegaban a mí, bajando mi esperanza hasta los suelos, haciéndome sentir como la persona más “jodida”.
Acoso Sexual mujer
Nunca pude escapar del acoso y las miradas lascivas de los abogados hasta que un día ya con la moral muy por debajo del suelo, por azares del destino una mujer que encontré en el Juzgado de lo Familiar me platico sobre un abogado de la ciudad de México, me dio su teléfono y dirección, no lo pensé dos veces, me comunique con él y le explique mi situación, le hice llegar los documentos por fax.
Me dio mucha confianza y finalmente pude descansar del burdo deseo carnal.
Supongo que la homosexualidad del nuevo abogado detuvo abruptamente esa lucha entre quienes me deseaban y el rechazo que yo daba.
Una vez que se obtuvo el divorcio creí que todo había terminado, sin embargo, dio comienzo a la locura impensable. Mi marido raptó a mi hijo y se lo llevó con él.
Sin saber el paradero de mi hijo, comencé con la búsqueda, viajes, llamadas telefónicas, buscar por todas partes, sin saber dónde iniciar, con quien acudir.
Para iniciar; las autoridades daban tres días para reconocer que se había extraviado y por lo tanto no podían hacer nada para recibir el reporte de extravió o robo.
Cerca de dos años mi hijo estuvo ausente de mi lado, hasta que un día, una paisana que me conocía y que viajaba de Oaxaca a Juchitán vio de pura casualidad a mi ex marido con un niño en el Camarón y supuso que era mi hijo, no perdí tiempo esa misma noche viajé al Camarón, indagué como pude y de casualidad me dijeron que, en uno de los pueblos metidos, ahí vivía un profesor con el nombre de mi ex marido con un niño y su esposa.
Subí a la montaña y llegué al pueblo, afortunadamente en la Casa del Maestro, donde vivía mi ex marido con mi hijo quien en ese día se encontraba jugando en el patio con otros niños de su edad, mi corazón latió con fuerza, era mi corazón de madre que hablaba y estaba a punto de salir.
Mi cara se llenó de alegría y coraje, como pude, tomé a mi hijo y lo metí entre mis brazos, salí rápidamente del lugar, nadie me había visto, busque un vehículo para salir del lugar lo más pronto posible, encontré una camioneta de los que acarrean leña, le pague y le pedí que me llevara al Camarón, afortunadamente no hizo ningún comentario y accedió, Dios estaba nuevamente conmigo, me dije, llegando al Camarón de pura casualidad llegaba un autobús Oaxaca-Istmo, lo aborde con destino a Juchitán.
Mis dos hijos hoy el mayor se encuentra a punto de concluir su carrera de ingeniero, mi hija estudia en la Universidad Pedagógica Nacional, a un paso de concluir sus estudios para luego hacer una maestría que es mi sueño y el de ellos.
La mayoría de las mujeres solas son expuestas como carne sexual para muchos, nadie, absolutamente nadie tiende su mano amiga para ayudar si no es a cambio del sexo.
Conocí el infierno de ser pobre y las leyes te ignoran, cómo los profesionales se aprovechan de tu condición y los grupos políticos te ven como un voto, alguien que puede gritar a su favor en un mitin.
Nunca fue beneficiada con una despensa de los partidos políticos.
Mi historia a nadie servirá, porque soy una mujer común, una mujer que no va a los días internacionales que se festejan, una mujer común, que diariamente se gana la vida partiéndose el alma en la decencia y con el amor de sus hijos.

Carmen