21
Mon, Aug

Muxe’ De Otro Modo

Cronicas & Reportajes
Typography

A Elí Bartolo en su cumpleaños
Muxe’ no significa homosexual en zapoteco, esa palabra aséptica acuñada al principio por la medicina para identificar a un grupo de “enfermos”, su traducción más cercana es “puto” con toda la carga despectiva que se utiliza en el español, y con todo lo que ello implica; cuando alguien te dice muxe’ en el mundo zapoteco de Juchitán quiere decirte: cobarde, amanerado, afeminado, débil, vieja, puto pues.

La expresión “¡eeeh puto” en zapoteco en el futbol nunca se usaría en Juchitán, sobre todo para dirigirlo a un deportista. Gritarle “eeeh muxe’” a un portero es un insulto tan denigrante que el “teco” dejaría la cancha para agarrarse a puñetazos con toda la porra contraria.

De ahí que para muchas madres juchitecas principalmente de la clase media, no es una bendición tener un muxe’ en casa, muchas de ellas preferirían no tener un hijo homosexual ni gay, mucho menos muxe’.

La necesidad del muxe’ en una casa juchiteca se da en familias campesinas pobres, principalmente cuando la madre ha parido en su mayoría varones.

Las familias zapotecas campesinas son altamente machistas o mejor dicho tienen muy definidos los rolles para los niños y las niñas: un hijo varón no lava su ropa, para eso está la madre y las hermanas; un varón en una casa tradicional zapoteca no levanta un traste de la mesa en donde come, y en contadas excepciones, cuando no tiene hermanas y es pequeño se le ordena vender los productos que elabora la madre: tortillas o elotes tiernos cocidos, es el único momento en toda su vida que le es permitido llevar a cabo una actividad plenamente femenina en Juchitán: el comercio.

Muxe Juchitan Oaxaca

Por eso es una bendición para las madres de un hogar campesino y de escasos recursos tener un muxe’ como hijo, porque éste las ayuda a lavar los trastes, la ropa, a hacer la comida, cuidar los niños, vender más rápidamente lo que cocina; además de ser esclavizado en tales deberes se prevé que no significará en el futuro gastos en su casamiento y estará pendiente con la madre hasta la vejez.

Eso aún perdura en algunas zonas en donde la etnicidad zapoteca, el ambiente rural y la pobreza persisten. Además no cualquiera puede ser un muxe’ completo, para tener tal calificativo se necesita tener un don o una gracia, debe ser agradable en el trato, dulce e imaginativo en el hablar, o poseer un oficio femenino como saber cocinar muy bien, coser ropa, realizar adornos para fiestas o convites, rezador, estilista, si no tiene uno de tales talentos o no consigue aún desarrollarlo se le llama muxe’ guppa: un muxe’ que apenas se vislumbra o de plano se dice que es un “muxe’ sin gracia” es menospreciado por todos porque como hombre no logró mantenerse como tal, traicionó su género, pero tampoco tiene una gracia como mujer.

Ahora ¿cuál es la imagen del muxe’ que se ha construido desde fuera avalado por una élite de muxe’s que les ha convenido mantener este estereotipo por fama y por dinero? Desde hace más de veinte años investigaciones antropológicas, documentales y programas de televisión, han estereotipado una imagen del muxe’ para venderlo al mundo como una mujer encerrada en un cuerpo de hombre, que habla la lengua zapoteca, viste de enagua y huipil, y cuyo discurso es: haber nacido en un paraíso en donde nunca ha sido discriminada, sus padres lo aceptan como es, es una bendición para toda la familia, es más mujer que la mujer, todo Juchitán la acepta y la reconoce, tan es así que acuden gustosos a su fiesta anual: la vela de las Aunténticas Intrépidas Buscadoras del Peligro, o de la Santa Cruz Baila Conmigo.

Se han hecho a un lado de los reflectores las historias del muxe’ que ha sido asesinado por su padre y sus hermanos por representar una deshonra y burla de su hombría y que ha quedado en el absoluto silencio; de muxe’s que eran castigados por sus padres para que abandonaran su desviación, de otros que eran aterrorizados por sus padres con castrarlos por el sólo hecho de cocinarse unos huevos, y una larga cantidad de historias tristes y violentas que dan al traste con las historias festivas y coloridas que se ofrecen al mundo.

Ser muxe’ públicamente representa el peligro de ser insultado, burlado, e incluso golpeado, por eso nadie menosprecia el valor que representa ser identificado como muxe’ y asumirlo como las que públicamente lo son y caminan con orgullo por las calles de Juchitán. Dice un proverbio árabe que generalizar es un error y todo los que generalizan están en un error.

Las muxe’s jóvenes, las que tienen el cuerpo estilizado, las que se inyectan aceites para tener pechos y nalgas, viven muy poco lo que se inyectan los lleva a la muerte demasiado pronto, pero además la nueva generación está siendo víctima de una transfobia atroz, son asesinadas y vejadas: sus cabezas hechas trizas por una piedra o un bloque de cemento o les han introducido una botella en el ano. La ciudad del arcoíris dista mucho de ser Juchitán. Sin embargo esa imagen sigue vendiéndose.

Por esto los muxe’ que han logrado acaparar las cámaras, e incluso alguna ha llegado a ocupar altos cargos en ong’s y ser la principal referente en el activismo, sólo han logrado beneficiarse con viajes y reconocimiento fuera de Juchitán, pero no podría hablarse de un movimiento político muxe’ , porque además del activismo contra el VIH que hay que reconocerles a los líderes muxe’s, sus logros en el movimiento político sólo ha sido para ocupar cargos en el Ayuntamiento cuando han estado con algún partido, se han utilizado mutuamente, el papel del muxe’ ante los partidos ha sido una actitud ladina, la de favores y apoyos económicos a cambio de tomarse una foto folklórica con los candidatos.

De ahí activistas comprometidos con los derechos civiles de los gay, les endilgaran el apelativo de “mariquitas apolíticas”, por no trascender por una agenda política por los derechos de los muxe’, si no por acaparar la atención por sus fiestas y este ambiente festivo que los rodea.

Las publicaciones en las redes manejan que los muxe’s como los conocemos hoy existen desde hace quinientos años. Fue sólo hace poco que los muxe’ se apropiaron del traje regional, una acción a que tenían derecho como parte de esta comunidad, pero no fue idea propia si no de una antropóloga italiana que no sólo las empoderó como líderes en el activismo, alguno lo olvida, pero Marinella Miano les dio la receta para apuntalarlos a la fama mundial: vestirse de enagua y huipil.

Antes no era así, los muxe’ se vestían con pantalones acampanados, sólo sus sandalias eran femeninos, jamás pensaron en ser mujeres o sentirse mujeres, eran muxe’s y nada mas.

De esa generación existen historias de muxe’s, como la de uno oriundo de un poblado cercano a Juchitán: Espinal, que vestía de short y playera y que el único aditamento femenino que tenía era un mandil, en donde guardaba una pistola que no dudaba en utilizar, pues al final de su vida se dedicó a traficar drogas y murió apuñalado por la espalada por un amante.

La imagen de Mandu Muxe’ está muy lejos de las flores en la cabeza y mucho menos de ponerse el traje regional, pero era un muxe’ y cuando le preguntaban por qué no era un poco más femenino respondía: “es que yo soy mampo de otro modo”. De Pedro muxe’ de Cheguigo que a sus más de ochenta años viste como cualquier campesino, usa sombrero de palma y de bigote cano, tiene el oficio más distante de los actuales muxe’: es plomero.

Su hablar, su mirada, sus modales, nunca llamaría la atención de un investigador o cineasta, pero todos saben que es muxe’. Sólo cuando pone en la rokcola una canción de su preferencia de la época de la Revolución “La Pajarera”, y con unas cervezas encima revela: “todos saben que soy pajarera”.

O como Ta Fili muxe’ que apadrinó bodas y cumpleaños, en las fotos de juventud aparece de traje y corbata, en su madurez iba a las fiestas de guayabera y para mostrar sus alhajas las ponía como si fueran condecoraciones en su pecho, de las mujeres sólo imitaba su grito festivo.
Muxe Juchitan Oaxaca2

Ahora pasemos a la palabra muxe’ entre los muxe’, la palabra no pierde su implicación denigrante, un muxe’ si quiere hablarle a una amiga o conocida lo llama por su nombre artístico, pero cuando quiere burlarse o llamarle la atención le dice gravemente muxe’ y lo dice como lo dicen los demás con la misma carga denigrante, la palabra muxe’ en la comunidad juchiteca no es una palabra de orgullo identitario como la palabra gay es para los occidentales, para los muxe’ “famosos” lo es para las cámaras, para mantener esta imagen que el extranjero quiere y que se ha creído durante treinta años, y que le ha significado provecho económico para muchos muxe’s cazados por investigadores, productores y cineastas para venderlo al mundo.

Cuando a Elí Bartolo, uno de los más grandes estudiosos y entendidos sobre la sexualidad de los juchitecos le preguntaron qué es un muxe’ respondió “un muxe’ es un muxe’” para luego decirle cínicamente al que lo grababa “¿o desde qué punto de vista quieres que te lo defina?”.

Elí Bartolo decía que la identidad no es sólo cómo te identifican si no con quién te identificas. Elí llevó “puesto” en la Vela de las Intrépidas, es decir ocupó un espacio para atender a sus invitados en la fiesta porque a veces coincidía con su cumpleaños, pero nunca formó parte de ellas, no fue socia y nunca se consideró Intrépida.

Se solidarizó con todos los muxe’s hasta cuando los propios muxe’s habían dado la espalda a sus compañeras, él estuvo ahí con su andadera acercandose a dar su ayuda. Pero nunca se dijo muxe’, se definió como un hombre sensual con una sexualidad disidente.

Michael Foucault decía que “Si la identidad se convierte en el problema fundamental de la existencia sexual, si las personas piensan que deben ‘revelar’ su ‘propia identidad’ y que su propia identidad ha de volverse la ley, el principio, el código de su existencia; si la pregunta que plantean continuamente es: “¿Esto está de acuerdo con mi identidad?”, entonces pienso que regresarán a una especie de ética muy próxima a la de la vieja virilidad heterosexual.

Si debemos situarnos y pronunciarnos respecto a la cuestión de la identidad, debe ser una identidad de cada uno con nosotros mismos. Pero las relaciones que debemos mantener con nosotros mismos no son relaciones de identidad, deben ser más bien relaciones de diferenciación, de creación, de innovación.”

Existen otras identidades en Juchitán que no caen en este estereotipo que nos endilgan desde afuera. Hay muxe’s jóvenes que son profesores, médicos, líderes sindicales, enfermeros, algunos tienen maestrías y doctorados, algunos se visten ocasionalmente, otros no lo harían nunca y no por vergüenza porque no les apetece, hay otros que planean cambiarse de sexo, la diversidad sexual en Juchitán es amplísima, y esas identidades no se dan desde el punto de vista heterosexual del muxe’ que se ha vendido desde fuera.

Algunos de ellos desconfían de la palabra muxe’, otros quieren retomar el nombre, darle una nueva resignificación y dejar atrás esa estela despectiva que arrastra.