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Mon, Jan

Juchitán, Oax.- La oficina de Roselia es un minúsculo cuarto como del tamaño de la casa de un gnomo, repleta de libros, de máscaras, recuerdos, a un lado de la ventana cuelgan sus premios y reconocimientos, una entrevista al pintor Francisco Toledo enmarcado y una enorme pantalla en donde la redactora teclea reclinada y pareciera que en cualquier momento se fuera de boca para sumergirse en el mundo de sus propios escritos. 

Juchitán, Oax.- Apenas fue pronunciado su nombre y los integrantes de la extinta Comisión Política de la COCEI vomitaron su homofobia, no escucharon las cualidades que enumeraba la única mujer que integraba aquel club de machos y futuros caciques del municipio. Marcela Coronado, en la que todos coincidían como una mujer muy inteligente, había propuesto a Elí Bartolo Marcial para integrar la planilla del candidato de la COCEI, Oscar Cruz López, para ocupar el puesto de Regidor de Educación.

La figura de Teodoro “El Rojo” Altamirano Robles, líder estudiantil, activo integrante del PRI en Juchitán y figura que no pasó desapercibido tanto para sus amigos como sus enemigos. Líder natural, era jocoso, malhablado, pero siempre caía bien, incluso según Lugarda Charis Luna, sus antiguos alumnos que se volvieron líderes de la COCEI y adversarios suyo, habían tratado de convencerlo a pasarse a sus filas, en ese entonces con el aire belicoso que lo caracterizó les habría respondido según su esposa: “yo no pacto con delincuentes”. Pero al final de su vida llegaría a dejar al PRI para afiliarse al PARM y luego apoyar la alianza que apoyaría a Cuauhtémoc Cárdenas a la presidencia de la república en 1988. Durante ese proceso fue electo diputado plurinominal de la LIV Legislatura del Congreso de la Unión, curul que no había obtenido durante todo sus años de militancia priísta se había quejado con su amigo Darbien Santiago, aunque éste fue su suplente como diputado de la LII Legislatura Local de 1983 a 1986 por el PRI.

Primera entrega. La priísta de hueso verde

Las maneras de Na Lugarda son de una nobleza ancestral, propia de las mujeres zapotecas bien nacidas, de las que tienen la palabra florida y delicada, su sonrisa beatífica se acrisola cuando penden de sus hombros su chal, que en ella es como una estola de sacerdotisa, no por nada proviene de una estirpe de juchitecos ilustres: hija del militar más connotado de su pueblo: el general Heliodoro Charis Castro y tataranieta del valeroso Binu Gada.

La “Perla” se dobla mas nunca se quiebra

Grandes y buenas épocas gloriosas vivió el béisbol del Istmo con Alejo Espinosa Estudillo. Pelotero de calidad que ha dejado huella en toda la región istmeña y el estado de Oaxaca, que vieron su clase para jugar al béisbol.