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Náhuatl, Maya, Mixteco, Tseltal, Tsotsil y Zapoteco, lenguas con más hablantes en México

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México no es uno, es una multiplicidad de pueblos que poseen su propio territorio y maneras particulares de entender y estar en el mundo. Estos pueblos se organizan de manera comunitaria y tienen sus propias prácticas educativas, pero sobre todo poseen y ejercen conocimientos y saberes que los caracterizan y los identifican.


Medicina, valores, tradiciones, música, rituales, historias, mitos; cada uno de ellos son elementos de una cosmogonía que los entrelaza, los hace tomar forma, sentido y permanecer en las generaciones posteriores por medio de la lengua.
Cada pueblo originario tiene su lengua y con ello su propia identidad y su propia historia. Los pueblos indígenas en México no son homogéneos, sino diversos y complejos.
No obstante, los pueblos indígenas se enfrentan, entre otras adversidades, a la extinción de sus lenguas. Éstas se resisten a ser olvidadas y en medio de ese proceso, algunas palabras, por su peso y su historia, pasan a formar parte de los códigos cotidianos de los no hablantes de las lenguas originarias.
Estas son reminiscencias de palabras cuyo origen se haya en algunas lenguas indígenas y que hoy forman parte de nuestra cotidianidad.
Pibil: Comúnmente utilizamos este adjetivo para referirnos a una forma de preparación de la carne en un platillo de origen yucateco. El nombre de este alimento proviene del Maya “Pib”, nombre que recibían los hornos de tierra y cuyo significado puede ser “debajo de la tierra” u “horneado bajo tierra”.
Tianguis: Esta palabra de uso popular para referirse a los mercados ambulantes proviene del Náhuatl “Tiānquiz(tli)”, que significa “mercado”. Los tianguis, tal como los conocemos, son una herencia de las tradiciones económicas de los pueblos prehispánicos.
Aguacate: El nombre de esta fruta originaria de Mesoamérica proviene del Náhuatl “ahuacatl”, que significa “testículo”, se cree que recibió este nombre debido al parentesco entre las gónadas masculinas y el fruto.
Chicle: La popular goma de mascar azucarada tiene sus orígenes en la Mesoamérica prehispánica. Los aztecas y mayas fueron pioneros en utilizar la goma de mascar y en explotar sus propiedades; el término proviene del Náhuatl “tzictli”, nombre que recibía la savia del Manikara zapota, un árbol originario de Mesoamérica y del cual originalmente se obtenía la goma.
Molcajete: Este instrumento gastronómico proviene de la conjunción de dos vocablos del Náhuatl: “molli”, que significa “salsa”; y “caxitl”, que quiere decir “cajete” o “vasija”. “Mollicaxtli” se traduciría como “cajete para salsa”.
Mapache: El nombre de estos mamíferos, caracterizados por sumergir sus alimentos en el agua como si los lavaran, proviene del Náhuatl “mapach”, que significa “que tiene manos”, lo cual hace referencia a su habilidad para sujetar objetos con sus garras.
Atole: Esta bebida tradicional a base de maíz obtiene su nombre del Náhuatl “atolli”, que significa “aguado” y que a su vez proviene de “atl”, cuyo significado es agua.
Huarache: El nombre de esta prenda proviene del Tarasco “Kuarache” o “kwarachi”, nombre con el que el pueblo Purépecha llama a las sandalias que manufacturan y usan.
Cacomixtle: Este pariente nocturno y cercano del mapache obtiene su nombre de los vocablos Náhuatl “tlaco”, que significa “medio” o “mitad”; y de “miztli”, quiere decir “felino mayor” o “puma”.
Papalote: Las cometas en México reciben su nombre del Nahuatl “Papalotl”, que significa “mariposa” y que hace referencia a la capacidad de volar de este artefacto.