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Sun, Jan

“Sanos”, prohibir y… sancionar. ¿Es la solución?

Opinion
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El Congreso de Oaxaca, de mayoría del partido Morena, acaba de legislar y aprobar, la llamada “Ley Chatarra”. La idea es poner reglas legales para el consumo de los llamados “alimentos” y bebidas “chatarra” (doritos, papa frita, galleta, embotellados, etc.) de alto contenido calórico y cero nutrientes que estimula la obesidad y los males orgánicos que padecen los mexicanos y lo hacen muy vulnerable.


Desde ya hace por lo menos cinco décadas que ese tipo de comestible, invadió con mucho éxito el mercado nacional. El propósito de los legisladores quizá sea de buena fe. Piensan que, con poner reglas prohibitivas, que por otra parte se está atendiendo demasiado tarde, ese mal hábito, se combatirá y sus efectos se acabarán. Quieren un “Oaxaca saludable”, dicen. ¿Y habrá quien no lo quiera? Sin embargo, habría de verse qué tan eficaz sea establecer normas legales para la venta y compra de esos productos y consecuentemente su consumo, extendido en todos los segmentos sociales. Debe reconocerse que esta práctica, por influencia de la mercadotecnia y el propagandístico consumista ya formó parte de la “cultura” de la mayoría poblacional. Y si se cree que recurrir al prohibisionismo, es una medida para persuadir a los niños, adolescente, jóvenes, adultos, hacia quienes en especial va dirigida esta acción legal se combatirá, en honor a la verdad hay dudas. Quien sabe, si basta con saber que incurren en alguna penalidad, dejarán en definitiva el mal hábito o vicio alimentario que ciertamente afecta su salud.
Los políticos creen que con hacer leyes resolverán un problema sanitario como otros. No es así, las leyes pueden ser lo más severas, pero difícilmente la ciudadanía las cumple. Es más, ni los que las hacen, los que conforman el gobierno, las respetan. Así que, por esa ruta, poco o nada se logrará.
La mejor, no la única, herramienta es la educación y el sitio es la escuela, que además tampoco hay que cargársela. No el único, pero si el agente que promovería un cambio en la estructura mental del educando, es el docente. Para el profesor, si se dispone con responsabilidad a entrarle, tendrá que ser persistente y para la que debe documentarse ampliamente sobre el tema sanitario.
No para afirmar con ligereza cómo hizo López Gatell, de que la Coca-Cola es un veneno, sino explicar de forma convincente y cierta por qué lo es. Que lo que se come envuelto en papel celofán con conservadores es nocivo para la salud y por qué. No basta también la retórica, es decir, solo con palabras convencer de la bondad y la necesidad de cambiar de hábito alimenticio. Esencial que a esta tarea se sume la actitud como práctica cotidiana y congruente, durante la jornada educativa. Y el gobierno, los padres de familia, la sociedad, ¿etc.? Claro que tienen su parte: desde la escuela con el uso de hidrantes higiénicos, en los comedores escolares cuando los haya, desde el hogar, la plaza pública, el mercado implantar prácticas sanitarias. Tan arraigado el mal hábito alimenticio del mexicano, que ya ocupamos el 2o lugar de población obesa. En fin, una lucha titánica que debe enfrentarse si se quiere vivir, más o menos mejor. ¡Ah! Está también el adaptarse a la nueva normalidad educativa. Otro problema.