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Sun, Jan

El desprestigiado vocero... Inamovible.

Opinion
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Cuando el Dr. López Gatell fue nombrado responsable del gobierno federal, para informar sobre el desarrollo y evolución de la Pandemia del Coronavirus, se conoció su más o menos aceptable currículum profesional. Destaca su perfil como epidemiólogo reconocido.

Sin embargo, muchos que conocen su trayectoria como funcionario público cuando su actuación en el caso de la crisis de la Influenza en 2009, en la que mostró su poca eficiencia e incapacidad al grado de que el gobierno de Felipe Calderón lo destituyó del cargo, mostraron su escepticismo. Aprovecharon para evidenciar otras conductas del llamado zar del Covid, que lo dibujan como un charlatán y un “grillo”.
La opinión pública al enterarse, empezó a desconfiar de su capacidad, acentuada más por sus erráticas predicciones sobre el impacto de este mal: el tiempo en que se lograría la curva y meseta de contagio y muertes, el mal cálculo en el que saldríamos de la crisis, etc. Luego, se vio que el manejo que hizo de la enfermedad, fue más con criterio político, tiene sus aspiraciones, que científico y sin ética profesional. En efecto, más se dedica a dar cifras de muertos y contagiados, de capacidad hospitalaria, etc. diariamente.
El galeno, no habla sobre medidas de prevención sanitaria, qué hacer para detectar y sobre todo evitar la proliferación de contagio, para qué hacer pruebas. Todo lo anterior, le dio la razón a los que siguen dudando de su desempeño. Expertos epidemiólogos e infectologos, analistas, etc., nacionales y extranjeros ex-secretarios de salud, con conocimiento de causa y con sobrada experiencia en este noble oficio han cuestionado el desempeño del señor López Gatell.
Recientemente, incluso un buen número de gobernadores exigieron en una carta su renuncia. A pesar de evidencias de ineptitud, señalan los que saben, López Gatell se atrinchera bajo el manto protector del poder y amenaza a quienes disienten de su estrategia. Desprestigiado pero inamovible: más de 53 mil muertos 485 mil contagiados. ¿Vamos bien?