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Thu, Oct

¿EL ACERO DE TEXCOCO...VENDERLO COMO REMATE?

Opinion
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De entrada, hay que decir, no sin una buena carga de frustración e impotencia, pues desde la cúpula de decisiones, no escucha, menos que de tome en cuenta una opinión que disienta de la suya, que es una lástima saber lo que se hace con los materiales, fierro y acero, sobre todo, que ya se usaron en el aeropuerto de Texcoco, cancelado por este gobierno.

La Senadora del PAN Xóchitl Gálvez le da seguimiento al destino de las decenas de miles de toneladas de acero, que la autoridad federal está subastando a las compañías que construyen Santa Lucía. Detecta y lo señala la legisladora, a viva voz y desde la más alta Tribuna de la nación, denuncia una serie de irregularidades en el proceso de licitación y venta de ese material que está en buenas condiciones y por lo tanto no debe venderse como deshecho, por lo tanto, como “remate”. Igual, existe denuncia periodística documentada al respecto, o sea a la práctica de deshacerse de todo lo que huela al “pasado neoliberal”, y que está cubierta bajo el manto de la opacidad. ¿No que este gobierno, actuará con total transparencia? La cuestión es, que con esta acción evidentemente se causa un daño patrimonial al país. Y eso, según se escucha, es inmoral, por ello mismo se “juzga” al exdirector de Pemex, Emilio Lozoya. El material para esa obra se compró, montar la pesada estructura costó mucho dinero, y tiempo, miles de millones de pesos que se fueron a la basura. Criterios técnicos, no políticos, sobre el aeropuerto de Texcoco, determinaron que sería una infraestructura aeroportuaria viable, moderna y funcional, lo que Santa Lucía, no, Aún a esta altura del tiempo, el ciudadano de a pie, el que no le interesan las pugnas políticas, se pregunta con justa razón y preocupación: Por qué no se puso la obra o proyecto iniciado en una balanza para encontrar el punto de equilibrio, real y justo, sus ventajas y posibles daños ecológicos, financiero, estratégico, etc. Sin prejuicios, que se viera sensata y sabiamente lo que conviene a México, sus necesidades de comunicación comercial, turística, negocio, etc. Pero no, por desgracia no predominó la sensatez en quien tomó la decisión de echar para abajo dicha. obra. Ahora a vender, se dice que malbaratar el material, con opacidad, sin que la gente, el pueblo a quien se invoca cuando conviene, sepa claramente cómo se lleva a cabo el negocio. Que se informe, quién, qué, cuánto de dinero hay en la transacción. Aunque sea solo saberlo, porque al ciudadano poco o nulo caso se le hace en este país.