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Sat, Nov

Alza al precio de la gasolina: ¿populismo vs. nacionalismo?

Opinion
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Generalmente una sociedad política requiere de garantías para proteger sus intereses, y deja a la sociedad civil en una situación de promesa sobre su futuro cierto: lo que venga, dolerá menos que lo que realmente duele; como si fuera un dolor pasajero. Lo intermitente del dolor, se lleva como una inspiración de no perder la fe en el mundo; algo así como aquella frase de “Más se ha perdido en la guerra”. Perder la confianza en el mundo, ha sido una tónica de dejarse llevar por la desgracia, abandonarse, volverse inclemente con uno mismo. La política, en parte, recupera esos espacios de legitimidad: “prometiendo”.

México ha centrado sus espacios de participación en “temas bloque”. Los regímenes que lo gobiernan no especifican periodos de repunte económico, por lo tanto, no abordan temas de inflación, deuda contraída y ciclos de recuperación económica. Este fenómeno político que recala en fenómeno social, es una proeza tecnocrática, en parte. Abordaremos un aspecto, que ya de por sí implica meterse en terrenos lodosos.

Aunque en el discurso se haya garantizado que se evitará el alza del precio de la gasolina, todo depende de cómo el Banco de México monitoree los mercados internacionales. Es un efecto inflacionario para evitar la acumulación de capitales que a la postre se insertarían como capitales nocivos en la economía mexicana al no tener un destino de inversión o cuyo rendimiento dificulte la recesión desde indicadores que sólo propicien la dependencia a las empresas bursátiles o a la balanza de pagos. Bien puede ser un efecto populista que algún presidente crea conveniente emplear cuando habla de que no permitirá que suba el costo de este combustible, pero los economistas bien saben que las medidas correctivas se tienen que aplicar con todo y la resistencia popular. Al final del día, la congruencia no está en que “los hechos correspondan a las palabras”, sino en que los aportes técnicos se impongan a los discursos trasnochados.

Opinion1Cuando el orden federal no habla de los recursos energéticos en la magnitud en la que repercutirían si no se manejan con tino fiscal, se atiene a una ventaja de poner la transparencia como un medio de queja y no de información asertiva. Los ciudadanos no conocemos, en muchos de sus términos, los alcances que podrían tener los movimientos financieros que soportan una transferencia de divisas. Usando un ejemplo equivalente, aplicarle un impuesto a la “plusvalía”, es obligar a la economía nacional a ser conscientes de los factores de cambio que se están tasando en estos momentos en los mercados internacionales. Desde luego, como todo programa social que otorga beneficios, se exentarían de estos gravámenes a los ciudadanos que se sostengan con subsidios.

Opinion2El “gasolinazo” hace estallar un reclamo social de magnitud desmedida, cuando bien se le podría aprovechar para generar terapia y racionalización financiera. Otros controles se nos han barrido: captación fiscal eficaz, gasto público eficiente y políticas de saneamiento financiero orientadas desde el banco central. La saturación de los costos cada ejercicio fiscal, lleva un acompañamiento inflacionario. Eso no nos debería quitar el sueño. De hecho, la fe en el mundo radica en la educación que le hemos heredado a quienes tienen la tarea de motivar que nuestros intereses financieros tengan un desarrollo equilibrado con respecto del exterior y equitativo como corresponde a su distribución en el interior del país.Opinion3

Importar la gasolina u ofrecerla más barata en puntos de venta del exterior, también ha generado encono y dispersión informativa que se aparta de la realidad desde donde se generan los nichos de mercados emergentes. Bien vale una pregunta: entonces, ¿sólo por conveniencia nacionalista, se debería de no hacer lo que la intervención estatal tiene como fin desde sus competencias legales o legítimas?

Así como les efectos populistas no son convenientes emplearlos, tampoco los efectos nacionalistas son convenientes en tenerlos como algo que ahora se vuelvan plausibles sólo por la carga histórica que conlleva traerlos a cuento para distraer el morbo. El mexicano debe atreverse a seguir un cuestionamiento que también lo vincule como el eslabón más importante en las tareas de gobierno: pasar de ser sólo “precepto”, y volverse “preceptor”, pues como bien Norberto Bobbio nos recuerda: “los preceptores también cuentan” en la rendición de los afanes de gobierno.

 

  ACERCA DE JOSÉ NOÉ MIJANGOS CRUZ
  MIJANGOS NUEVOProfesor Universitario. Promotor de Jornadas Universitarias de Divulgación. Desde 2001 es Articulista de la Revista “El Mundo del Abogado”. Opinólogo en el Diario “Noticias Voz e Imagen de Oaxaca” y en el Blogger “The Mexican Times”. Con Miguel Carbonell, Bernardo Gómez del Campo, Alfonso Lanzagorta y Enrique Espejel Caso, entre otros compañeros de generación de la Facultad de Derecho de la UNAM, funda en 1993 el Consejo Editorial “Salina Viaá”. Organismo que publicó sus trabajos en “El Sol del Istmo”, desde su fundación, hasta 1997. Colaboró en el Diario “El Imparcial de Oaxaca” y en la Revista Tehuantepecana “Daáni Beédxe”. Conductor del programa radiofónico juchiteco “Jazzístmica” (1ª y 2ª temporadas). En la televisión de cable local, fue Productor General del Programa “Foro 10” y realizador de las cápsulas semanales “Lo frío, lo tibio y lo caliente” y “Salina Cruz digital”. Creador de las columnas de opinión “Caravana con sombrero ajeno” y “Papel Revolución”. Dirigió los proyectos universitarios: “Revista Comegens”, “Cine-Club Huanacaxtle Viejo” y “Radio Universitaria”. Citadino por devoción, provinciano por vocación. Sugiere debates sobre temas relacionados con: desarrollo sustentable y sostenible, ecología pedagógica, derechos humanos, turbocapitalismo, desterritorialización e hiperconsumo.