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Mon, May

Videgaray: la manzana de la concordia

Opinion
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Mientras se buscaba un culpable sobre la relación diplomática precaria con la administración Obama-Clinton, la renuncia de Luis Videgaray a la Secretaría de Hacienda a principios de septiembre del año pasado, sonó a una mala lectura política sobre la visita de Donald Trump a Los Pinos el último día de agosto.

Videgaray podría ser, si se quiere, la primera figura de este milenio en México, cuyo carácter de reconciliación nacional se reestructura desde una coyuntura de crisis semejante a los Pactos de la Moncloa que le tocó regir a Adolfo Suárez en la España que había dejado como saldo la dictadura de Francisco Franco.

Desde esa perspectiva, México se moderniza a partir de una aventura de sensación aperturista en cuanto a fijar la agenda fronteriza con los Estados Unidos, sin que se convierta esa relación sólo en una emblemática relación oficial, pues recordemos que con el país vecino del norte nos une no sólo la política de las instituciones, sino también la política de coyunturas y de contextos dinámicos. México se sobrepone, con la llegada de Videgaray a la Cancillería, a esa condición de incidencias que deben ser superadas en tiempos exigentes.

OPINON1El saldo sobre una mala percepción de los actores políticos y sociales mexicanos a partir de un candidato a la postre triunfador como Trump, hizo que otra vez se situara a la latinidad como un sector fácil de convencer y difícil de adaptarse a novedosos esquemas de cambio político e innovación electoral. Eso facilitó las cosas a la Presidencia de la República para buscar un chivo expiatorio en el que recayera toda la marginalidad de su posicionamiento en el mundo, al hacer muy peligrosa la apuesta al candidato republicano, luego de la negativa de Hillary Clinton de venir a visitar México en plena campaña por la presidencia de los Estados Unidos.

El regreso de Videgaray, precisamente a la Secretaría de Relaciones Exteriores, una cartera clave para volver a la diplomacia mexicana de empuje, como lo fuera hasta antes de la llegada del foxismo, hace de esta resolución práctica en el gabinete mexicano una “manzana de la concordia” que seguramente ya debe perfilarse como interesante para la diplomacia norteamericana a trece días de que tome posesión Donald Trump. En el foxismo, donde por primera vez la diplomacia mexicana logró instanciarse como una agencia del presidente en persona, y faltarle a su deber profesional, México no descolló como una nación ejemplar en materia de “seguridad hemisférica”, pues siendo integrante invitado al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, el extinto embajador Adolfo Aguilar Zinser no pudo evitar la intromisión de Vicente Fox sobre la decisión última que tomó México respecto de la guerra en Irak que la administración Bush buscaba implantar en aquel país del Medio Oriente.

OPINON2La diplomacia mexicana ha sufrido un severo revés desde aquella época, y por eso se comprende la versión que ahora ofrece Videgaray al asumir la responsabilidad de la Cancillería con la aceptación del cargo en Los Pinos, mencionando que viene “a aprender de los diplomáticos mexicanos”. Leyendo con precisión ese discurso, sumado al de “no sé nada de diplomacia”, el mensaje que envía es de volver a empoderar la fama que la diplomacia mexicana demuestra en las cumbres internacionales y convenciones estratégicas, para ocuparse Videgaray en el tiempo que ejerza ese puesto en devolverle a esa carrera la proyección vigente de consolidar los recursos que México ofrece en sus relaciones políticas y comerciales a otros países, resaltando los Estados Unidos de América por ser el principal proveedor de transferencias comerciales en el mundo y su no menos importante condición para con nuestro país de compartir colindancias naturales.

Para algunos analistas que sostuvimos férreamente que Trump vencería en la jornada electoral que decidiría la ganancia a la presidencia de Estados Unidos, en más de una ocasión también sostuvimos una vez conocido el resultado de la elección, que se le debían ofrecer disculpas a Videgaray por la petición de renuncia inoportuna a la Secretaría de Hacienda, cuando se le adjudicaba a él de impropia la cercanía de México con los entonces candidatos presidenciales de aquel país. Las disculpas se ofrecieron, aunque a Claudia Ruiz Massieu no le simpatizó su salida momentánea del gabinete presidencial.

  ACERCA DE JOSÉ NOÉ MIJANGOS CRUZ
  MIJANGOS NUEVOProfesor Universitario. Promotor de Jornadas Universitarias de Divulgación. Desde 2001 es Articulista de la Revista “El Mundo del Abogado”. Opinólogo en el Diario “Noticias Voz e Imagen de Oaxaca” y en el Blogger “The Mexican Times”. Con Miguel Carbonell, Bernardo Gómez del Campo, Alfonso Lanzagorta y Enrique Espejel Caso, entre otros compañeros de generación de la Facultad de Derecho de la UNAM, funda en 1993 el Consejo Editorial “Salina Viaá”. Organismo que publicó sus trabajos en “El Sol del Istmo”, desde su fundación, hasta 1997. Colaboró en el Diario “El Imparcial de Oaxaca” y en la Revista Tehuantepecana “Daáni Beédxe”. Conductor del programa radiofónico juchiteco “Jazzístmica” (1ª y 2ª temporadas). En la televisión de cable local, fue Productor General del Programa “Foro 10” y realizador de las cápsulas semanales “Lo frío, lo tibio y lo caliente” y “Salina Cruz digital”. Creador de las columnas de opinión “Caravana con sombrero ajeno” y “Papel Revolución”. Dirigió los proyectos universitarios: “Revista Comegens”, “Cine-Club Huanacaxtle Viejo” y “Radio Universitaria”. Citadino por devoción, provinciano por vocación. Sugiere debates sobre temas relacionados con: desarrollo sustentable y sostenible, ecología pedagógica, derechos humanos, turbocapitalismo, desterritorialización e hiperconsumo.