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Tue, Oct

Por los derechos de las muxe’ gunaa, por los derechos de toda la comunidad / Faro Cultural

Opinion
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La sexualidad en Juchitán, Patria Zapoteca, es muy diversa. Si bien no es el paraíso muxe' que algunos quisieran, sí es un pequeño espacio de cien mil habitantes donde conviven y se toleran en la vida cotidiana varias expresiones del género humano.

Tengo amigas lesbianas y amigos, primos, tíos muxe'. Por ellos sé que existe el muxe' nguiú y la muxe' gunaa. El primero se viste estilizando la vestimenta varonil. Suele usar las camisas con flores, pantalones ajustados, pulsos y joyas, quizás algo de maquillaje y hasta alguna flor. De este estilo era mi tío bisabuelo Eugenio Orozco. La segunda, regularmente se viste "de mujer". En las sociedades occidentales se les llamaría trans. A este sector pertenecen muxe's emblemáticas como Mística, Felina, Binisa o Amaranta. También alguna que otra prima mía.

En la vida cotidiana los muxe's de mi pueblo se visten como prefieren. Así ha sido desde hace muchísimo tiempo. Hay relatos decimonónicos que hablan de la presencia del muxe' en la vida diaria. Solían ser compadres (o comadres) de personas destacadas de la sociedad zapoteca de entonces, pues ellos mismos, si lo merecían, se ganaban dicho estatus. Contaba mi madre que, incluso antes de la famosa Vela de las Intrépidas, tenían su propia celebración: la Vela Jazmín (por mi mala memoria, quizás haya errado en el dato).

En algunas celebraciones de mi pueblo se prohíbe la entrada a las muxe' gunaa. El muxe' nguiú no suele tener dificultad para ingresar, porque se viste de acuerdo a lo que tradicionalmente se aceptaba (la muxe' gunaa solía hacerlo a escondidas).

Jamás he visto a Mística vestida de hombre, ni de muxe' nguiú. Siempre ha trabajado con enagua y huipil, siempre se ha expresado en la lengua zapoteca, y siempre, siempre ha sido solidaria con toda la comunidad de Juchitán, sean hombres, mujeres, nguiu' (lesbianas), muxe' nguiú o muxe' gunaa. Ella sabe cocinar, puede preparar ricas botanas y hacer adornos para las fiestas. Sabe trabajar honradamente. Y lo hace vestida como aprendió de su madre.

Lo mismo podría decir de casi todas las muxe' gunaa que conozco. Son muy laboriosas.

Con el pretexto de la higiene, hace años les fue prohibido el ingreso a ciertas fiestas patronales, si iban vestidas como lo hacen. Decían que sus cuerpos eran físicamente distintos, como para utilizar los mismos sanitarios (aunque bien se hubiera podido poner un tercer baño con el letrero Muxe gunaa en su entrada). Después, el pretexto fue que se "apropiaban" de la vestimenta tradicional, reservada sólo para mujeres nacidas en esa condición. Otros argumentan que, como existen varias velas muxe', "que ahí se vistan como quieran". Unos más han denominado a las fiestas patronales como "fiestas particulares" y, por tanto, consideran que estos "particulares" pueden reservarse el derecho de admisión, como si no supieran que las comunidades tienen formas de organización social funcionales, y que para organizar las fiestas de todos, es preciso la concurrencia del pueblo, la ayuda de toda la comunidad, aunque la coordinación de unos cuantos, a quienes se les retribuye con prestigio.

Me entristece que mis paisanos se presten a los prejuicios de pocos. Me consta que no es la mayoría. Quienes han cerrado las puertas de la celebración a las muxe' gunaa son algunas personas que se creen con la autoridad moral de determinar qué es lo correcto.

No me gusta hablar de discriminación, porque esta práctica que se manifiesta en las festividades juchitecas con su cacareada rigurosidad, apenas se percibe en otros ámbitos. Ni en el templo de San Vicente Ferrer se les niega el ingreso a las muxe' gunaa. Es, más bien, desconocimiento. Porque mucha gente ignora que no todos los muxe's son iguales y que algunas muxe' gunaa son, en realidad, mujeres en cuerpos de varones.

Puede haber mayor sensibilización. Descalificándonos no se resolverá este episodio. Dialogando, conociéndonos y re-conociéndonos podremos salir adelante, sin excluir a nadie de las fiestas de todos. Y claro está, que este reclamo es legítimo, por lo que se vale decirlo públicamente y no sólo cuando así convenga.

Digo lo que dicta la razón, basado en lo que aprendí de mis mayores. Es una paradoja que Juchitán, que fue símbolo de apertura en muchos temas desde tiempos remotos, vaya en retroceso en un aspecto en el que llevábamos siglos de adelanto. Todo por ciertas mentes reduccionistas que anteponen la forma al fondo, que prefieren que la fiesta se "vea bonito", como si dejar fuera a nuestras hermanas no fuera horrendo.

Sueño por el día en que Mística, Felina, Binisa o Amaranta, vestidas como acostumbran, entren de mi brazo a una vela de las que ahora les prohíben el ingreso. Anhelo el tiempo en que pueda bailar un son regional con estas personas que tanto admiro y respeto. Será un honor para mí.

Mi cariño a ellas, a las demás como ellas y a los demás como ellas.