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Tue, Dec

Ambición que envilece

Opinion
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Decadencia moral, ética y política, como resultado de las ambiciones desmedidas.
“Los hombres somos de carne y hueso, frágiles hasta lo increíble. No somos nada sí lo podemos decir. Somos algo en función de la tarea encomendada para la libertad, la paz y el progreso del pueblo”.
FCR.


Emeterio y Griselda, tuvieron la fortuna de nacer con inteligencia natural, fueron magníficos estudiantes en todos los niveles; sus padres, en el ámbito del humilde hogar, se sentía orgullosos de sus hijos; sobre todo, la madre quien solía platicar de sus infancias y sus juegos debajo de los frondosos almendros, los altos tamarindos y los árboles de mango que refrescaban el patio de la casa, que en esos tiempos conservaba su estilo de tejavana. En temporadas de vacaciones escolares, el padre de ellos, siempre sostuvo en su sabiduría campesina, la conveniencia de que los hijos varones aprendieran las cosas del campo, para que sus rigores sirvieran de referencias y aprendizaje en las decisiones y valores a adoptar y practicar para ganar el aprecio y cariño de la gente. Por eso, acostumbró a Emeterio a levantarse temprano, ayudar en la preparación de lo necesario para los trabajos, entre ellos a amarar las yunta de bueyes en la carreta, que les servía de transporte.
En ese pueblo de San Vicente de las Flores Blancas, el padre de Emeterio y de Griselda, fue muy apreciado y reconocido, como un buen campesino, un hombre sincero, honesto y dispuesto siempre a apoyar a los que necesitaron de su colaboración; la madre de ellos, era una ejemplar ama de casa, su bondad humana, creció más, cuando se convirtió en la religión cristiana; fue una mujer amable, tenía la grandiosa costumbre de obsequiar aguas frescas de diversas frutas, a los vecinos cercanos en las temporadas de fuerte calor. En resumen, les sobraron cualidades humanas a los dos.
Como siempre sucede en las familias de escasos recursos, con enormes esfuerzos y sacrificios, hasta inclusive, la venta de la yunta de bueyes, algunas vaquitas y dos terrenitos, Emeterio y Griselda lograron concluir sus estudios profesionales, momentos que desde luego, cubrieron de orgullo y felicidad a sus padres. En aquellos tiempos, el fenómeno del desempleo todavía no era tan cruel como ahora, condiciones que favorecieron a los nuevos profesionistas a conseguir empleos en el sector público, como catedráticos en instituciones educativas de enseñanza superior, sus sueldos fueron desde luego, lo suficiente para llevar una vida digna y decorosa.
No obstante las recomendaciones y súplicas de sus padres, durante los últimos semestres de sus etapas estudiantiles, Emeterio y Griselda soñaban en incursionar en la política; sobre todo, al observar, la manera tan extraordinaria en que los funcionarios públicos se enriquecían, en el país entero, en su estado y particularmente en su pueblo San Vicente de las Flores Blancas. Finalmente, las ambiciones por el poder político y el dinero mal habido, se impusieron a los consejos, por lo que, a los dos años de trabajos honrados, presentaron sus renuncias y, se dedicaron a cuerpo y alma a las actividades políticas; para esto, se integraron a otras gentes con elevadas experiencias en los quehaceres para, primero sobrevivir de los recursos del pueblo y, después enriquecerse hasta el hastío, en detrimento de sus de necesitados pueblos.
Abandonar los trabajos horados y someterse a procesos de entrenamientos políticos, fueron decisiones que causaron penas y desaprobación de los padres; éstos, se sintieron muy tristes, porque a pesar de sus limitaciones escolares, tuvieron la suficiente inteligencia para conocer el final infeliz de quienes se dedican a las ingratas acciones derivadas de la política sucia.
La inteligencia de Emeterio y Griselda, les sirvió de instrumento esencial para establecer los mecanismos estratégicos que les facilitara la acumulación de grandes riquezas de procedencias inexplicables. Para lograr teles objetivos, utilizaron sus habilidades con el poder de la palabra, para convencer a propios y a extraños de que ellos, eran los redentores del pueblo, que acabarían con la pobreza y todos los males de San Vicente de las Flores Blancas, es decir, que ellos y todos los demás que los acompañaban en cada uno de los eventos político, eran hombres y mujeres de aquellos que les llaman de “izquierda”, que eran de esos que luchan con el corazón en la mano, porque para eso, el corazón está del lado izquierdo, la repetición de esas palabras al infinito, hizo que ellos mismos creyeran absolutamente en sus mentiras. Sabían los dos hermanos de que, la clave está en saber cantar bien para convencer, y que de tales trucos del convencimiento están las oportunidades de tener el poder y aprovecharlo para obtener mayores riquezas.
Cuando la bondadosa madre de los ambiciosos hijos, se despidió del mundo terrenal, Emeterio ya era conocido en el pueblo, como un nuevo millonario; quizás por esa razón, fue que, en el esfuerzo de sus últimos momentos y, con las lágrimas en los marchitos ojos, pudo dejarles como herencia final, los consejos de siempre; que no abusaran de la gente pobre, que aprovecharan la inteligencia que dios les dio, para aplicarla en bien de la humanidad; que todos los días reflexionaran sobre lo triste y penoso que es la vida de quienes son despreciados y odiados por sus semejantes, por cualquiera que fueran los motivos.
Teniendo como modelo ejemplar a su hermano Emeterio; Griselda inició el camino del enriquecimiento con los recursos obtenidos en los quehaceres de la política sucia, olvidándose de los consejos de la madre. El manto negro de la desmedida ambición por el dinero y el poder, se impuso a los valores humanos en la mente de los hermanos; el pasado de los niños con limitaciones económicas nunca existió para ellos.
Fueron tantas las preocupaciones de la madre, que, pasado el año de su partida, visitaba a sus hijos en sus sueños, insistiendo tristemente sobre las mismas recomendaciones, quizás porque desde la distancia celestial, su alma recibía sensaciones de dolor, por los desprecios y odio de tanta gente del pueblo de San Vicente de las Flores Blancas, hacía sus amados hijos.
Los dos hermanos de las ambiciones desmedidas, ya gozaban de grandes riquezas, cuando el padre de ellos abandonó la existencia terrenal, despidiéndose de sus dos hijos, de la misma manera que su bondadosa esposa, pero, aún en sus grandes súplicas, sabía que sus ruegos ya no tendrían caso, porque la corrupción había carcomido la voluntad y las almas en vida de quienes fueron el orgullo de la familia.
A los nueve días de la partida del apreciado campesino, en compañía de su adorada esposa, iniciaron las visitas en los sueños de Emeterio y Griselda; siempre con las encomiendas de ser humildes, sinceros y honestos con la gente, pero en cada consejo nocturno, siempre recibían sonrisas sin palabras de los hijos convertidos ya en los nuevos ricos del pueblo.
Los días de todos santos, que según las creencias, son los tiempos en que dios concede mayores licencias para que los difuntos visiten a sus familiares en sus sueños. Griselda fue quien, entre despierta y dormida, es decir, entre sueños, logró platicar con sus padres, la madre vestida de enagua floreada y huipil de cadenilla y el padre, de pantalón negro, camisa blanca, huaraches de charol y sombrero tejano de ala corta, iniciaron la plática diciéndole a Griselda, que les preocupaba mucho lo que la gente del pueblo habla y siente por ella, que los desprecios y odio va en aumento cada día. Ella les respondió de que no se preocuparan, que ella era feliz gracias a la política, que lo que la gente diga, no tiene importancia y, que lo sobresaliente es que ella ya era rica, que tenía mucho dinero en el banco, que ha comprado carros nuevos, grandes terrenos, y sobre todo, una enorme mansión en la ciudad capital que puede generar envidia hasta en los más ricos del pueblo de San Vicente de las Flores Blancas, allá muy cerca de la terminal de los autobuses A.D.O, para que los visitantes no caminen tanto. Los difuntos ancianos escucharon muy atentos y en cada palabra de Griselda veían sonrisas casi de ironía. Cuando notaron las descripciones soberbias y cínicas de la hija que amaron tanto en la vida terrenal, se dieron la media vuelta, se marcharon tomados de las manos y nunca más regresaron a los sueños de sus hijos, fue como si el profundo amor de los padres se hubieran desvanecido para siempre.