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Sun, Oct

Comprar un partido político, parte de la ambición por el poder

Opinion
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Un pequeño cuento que raya entre la realidad y la fantasía en pleno siglo XXI.
Cada vez que nadaban en la profundidad del caudal de dinero que tenían, sentían un vacío en sus vanidosas almas y, como que algo les faltaba para completar sus poderíos sobre lo que ellos llamaban mortales sometidos.

Un día despertaron sonrientes y, con los primeros rayos del sol primaveral, acudieron con los enanos que viven en la casona pintada de verde, blanco y rojo; les llevaron unos regalos de las llamadas guayaberas; estos seres diminutos, sonrientes se postraron ante ellos, como si fueron unos dioses bajados del cielo y, sin esperar palabra alguna, les ofrecieron en venta el partido político identificado con el color de la bandera nacional; los poderosos señores lo compraron a precio de ganga, para utilizarlo como instrumento de protagonismos y soberbia en sus diarios baños de ego y, eleve sus sentimientos de poder sobre los ya sometidos al embrujo de sus grandes negocios y riquezas. Desde eses día y hasta quien sabe hasta cuándo, ellos son los dueños del partido tricolor en esa población zapoteca.
Va pues el pequeño cuento.
Érase una vez, un lugar en donde los días primaverales inundaban de flores blancas llamadas guiéshuba algunas calles de la población. El rico y profundo aroma de estas flores, arrancaban suspiros y trasladaban los pensamientos a otras dimensiones, alejando momentáneamente a los suspirantes de la realidad. En este no tan pequeño lugar, habitaba una familia rica con enormes fortunas; integrada por el papá, la mamá, cuatro hijos varones y una mujer. Esta familia se distinguía por la manera extraordinaria de enriquecimiento, porque en sus orígenes, toda la comunidad los conoció como una familia pobre, inclusive, cuentan los que vieron, que el papá, se dedicaba a un trabajo bastante humilde consistente en la reparación de juguetes de cuerda y uno que otro aparato doméstico que le llevaban los niños y las amas de casa.
Los hijos de la familia, en algunos ratos libres ayudaban a su padre, por lo que en poco tiempo, lograron dominar los oficios. Con el poco de dinero que ingresaba en el hogar, todos los integrantes de la familia, experimentaron y soportaron los golpes y rigores de la pobreza: Ante tales circunstancias, tomaron la decisión de abrazar una religión diferente a la católica, con las esperanzas de que sus invocaciones y la profundidad de su fe, harían que sus plegarias llegarían más pronto al todopoderoso y, sobre todo, la mayor posibilidad de que se realizara el milagro sacarlos de la pobreza.
Los que fueron niños, ya se habían convertido en jóvenes; afirmaron los que conocen, que no vieron cómo y cuándo se realizó el gran milagro, pero escrito está, que los vini-guláza presenciaron cuando del cielo descendieron unos hombres altos, de piel blanca, largas cabelleras y barbas abundantes, en sus espaldas cargaban costales que contenían hermosas joyas y grandes cantidades de dinero en efectivo. Dicen los que se enteraron que, estos misteriosos personajes celestiales, se presentaron después de que la familia del anciano mecánico de juguetes de cuerda, terminaron sus acostumbradas oraciones en uno de los tantas templos que existían en esa comunidad de las flores blancas; después de entregar los bultos que llevaban, uno de los personajes celestiales, por órdenes del todopoderoso, dejó un mensaje como el padre y los hijos, en dicho mensaje estaba escrito lo siguiente: “Mis amados hijos, tomen estos tesoros, díganle a los que creen en mí, que yo les concedí el milagro de la abundancia. De ahora en adelante, les corresponderá a ustedes incrementar esta fortuna, de tal forma que, una vez multiplicada esta cantidad entregada, destinen una parte considerable de las utilidades a la construcción grandes cantidades de templos, donde los fieles me adoren y me invoquen de día y de noche, para ganarle la partida al demonio”.
Al final del texto del mensaje de la divinidad, había un pequeño párrafo a manera de énfasis, que decía: “Amados hijos, han de saber ustedes que la riqueza tiende a envilecer al mortal hasta el exterminio de su dignidad; con el tiempo, verán y sentirán en carne propia, la conversión del ser humilde en un ser soberbio, prepotente, ruin y envilecido hasta el extremo y, cuando mezclen ustedes el poder del dinero con el poder político, sentirán los deseos de sentirse semidioses para controlar cuerpos y almas que alimenten su hambre voraz por las ambiciones desmedidas. Por eso hijos míos, aunque sé que me van a desobedecer, les aconsejo no meterse en esa cosa maligna que le llaman política”.
Al convertirse en los nuevos ricos en esa tierra de las flores blancas, se dedicaron a la compra de grandes negocios de todo género; a la construcción de templos y, conforme pasaron los años, se dieron cuenta que era tan enorme su poder económico, que podía comprar lo que fuera, incluyendo almas y conciencias de los que dadas sus condiciones de pobreza se decidieran venderse. En una cena de fin de año, aquella nueva familia rica, en un acto de reflexión colectiva, llegaron a la conclusión de que algo faltaba para tener el mayor poder y control sobre lo que ellos denominaban inocentes y pobres mortales de aquel lugar. Eso que faltaba, es como cuando a los vampiros le hace falta la sangre para seguir viviendo; se trataba del poder político, pero como nunca cumplieron con un requisito que le llaman militancia, en razón de las actividades propias de su religión protestante; entonces, se propusieron a buscar la manera de obtener ese poder político.
Fue el mayor de los hermanos quien con una copa de vino para consagrar en la mano, se levantó y con voz pausada dijo: al no tener filiación ni militancia en ningún partido político, la única alternativa es, comprar un partido y, para eso, me gusta el partido que se distingue con los colores de la bandera nacional. Ese que tiene más tiempo de existencia, ese que no nos reclamará los pecados que podamos cometer, al ser religiosos y políticos; sobre todo, ante la gran posibilidad de comulgar con todos los demás políticos del tricolor. Lo que todo mundo conoce como la maldita corrupción que hace más rico a los ricos y convierte en miserables a los pobres.
Al final de su propuesta, aquel primogénito del anciano mecánico que reparaba juguetes de cuerda, con una sonrisa sarcástica, terminó expresando que, con certeza le fallarán al todo poderoso con las decisiones tomadas, pero los probables castigos no se comparan con los placeres que ofrecen los poderes económicos y políticos; así que, en los próximos procesos electorales compraremos el partido tricolor municipal. Todos y cada uno de nosotros seremos presidente municipal, diputado local o federal, senador o quizás hasta gobernador del estado...
Ya con el gozo que dan los poderes económico y político, compraron el partido tricolor. Todos vivieron felices y, así con tanto dinero que tuvieron, llegaron a causar temor y miedo entre los habitantes de aquel lugar, porque se decía que, si te veían pasar cerca de donde estaban, si les gustabas, de inmediato te compraban…y colorín colorado…

Un pequeño cuento que raya entre la realidad y la fantasía en pleno siglo XXI.
Cada vez que nadaban en la profundidad del caudal de dinero que tenían, sentían un vacío en sus vanidosas almas y, como que algo les faltaba para completar sus poderíos sobre lo que ellos llamaban mortales sometidos.

Un día despertaron sonrientes y, con los primeros rayos del sol primaveral, acudieron con los enanos que viven en la casona pintada de verde, blanco y rojo; les llevaron unos regalos de las llamadas guayaberas; estos seres diminutos, sonrientes se postraron ante ellos, como si fueron unos dioses bajados del cielo y, sin esperar palabra alguna, les ofrecieron en venta el partido político identificado con el color de la bandera nacional; los poderosos señores lo compraron a precio de ganga, para utilizarlo como instrumento de protagonismos y soberbia en sus diarios baños de ego y, eleve sus sentimientos de poder sobre los ya sometidos al embrujo de sus grandes negocios y riquezas. Desde eses día y hasta quien sabe hasta cuándo, ellos son los dueños del partido tricolor en esa población zapoteca.
Va pues el pequeño cuento.
Érase una vez, un lugar en donde los días primaverales inundaban de flores blancas llamadas guiéshuba algunas calles de la población. El rico y profundo aroma de estas flores, arrancaban suspiros y trasladaban los pensamientos a otras dimensiones, alejando momentáneamente a los suspirantes de la realidad. En este no tan pequeño lugar, habitaba una familia rica con enormes fortunas; integrada por el papá, la mamá, cuatro hijos varones y una mujer. Esta familia se distinguía por la manera extraordinaria de enriquecimiento, porque en sus orígenes, toda la comunidad los conoció como una familia pobre, inclusive, cuentan los que vieron, que el papá, se dedicaba a un trabajo bastante humilde consistente en la reparación de juguetes de cuerda y uno que otro aparato doméstico que le llevaban los niños y las amas de casa.
Los hijos de la familia, en algunos ratos libres ayudaban a su padre, por lo que en poco tiempo, lograron dominar los oficios. Con el poco de dinero que ingresaba en el hogar, todos los integrantes de la familia, experimentaron y soportaron los golpes y rigores de la pobreza: Ante tales circunstancias, tomaron la decisión de abrazar una religión diferente a la católica, con las esperanzas de que sus invocaciones y la profundidad de su fe, harían que sus plegarias llegarían más pronto al todopoderoso y, sobre todo, la mayor posibilidad de que se realizara el milagro sacarlos de la pobreza.
Los que fueron niños, ya se habían convertido en jóvenes; afirmaron los que conocen, que no vieron cómo y cuándo se realizó el gran milagro, pero escrito está, que los vini-guláza presenciaron cuando del cielo descendieron unos hombres altos, de piel blanca, largas cabelleras y barbas abundantes, en sus espaldas cargaban costales que contenían hermosas joyas y grandes cantidades de dinero en efectivo. Dicen los que se enteraron que, estos misteriosos personajes celestiales, se presentaron después de que la familia del anciano mecánico de juguetes de cuerda, terminaron sus acostumbradas oraciones en uno de los tantas templos que existían en esa comunidad de las flores blancas; después de entregar los bultos que llevaban, uno de los personajes celestiales, por órdenes del todopoderoso, dejó un mensaje como el padre y los hijos, en dicho mensaje estaba escrito lo siguiente: “Mis amados hijos, tomen estos tesoros, díganle a los que creen en mí, que yo les concedí el milagro de la abundancia. De ahora en adelante, les corresponderá a ustedes incrementar esta fortuna, de tal forma que, una vez multiplicada esta cantidad entregada, destinen una parte considerable de las utilidades a la construcción grandes cantidades de templos, donde los fieles me adoren y me invoquen de día y de noche, para ganarle la partida al demonio”.
Al final del texto del mensaje de la divinidad, había un pequeño párrafo a manera de énfasis, que decía: “Amados hijos, han de saber ustedes que la riqueza tiende a envilecer al mortal hasta el exterminio de su dignidad; con el tiempo, verán y sentirán en carne propia, la conversión del ser humilde en un ser soberbio, prepotente, ruin y envilecido hasta el extremo y, cuando mezclen ustedes el poder del dinero con el poder político, sentirán los deseos de sentirse semidioses para controlar cuerpos y almas que alimenten su hambre voraz por las ambiciones desmedidas. Por eso hijos míos, aunque sé que me van a desobedecer, les aconsejo no meterse en esa cosa maligna que le llaman política”.
Al convertirse en los nuevos ricos en esa tierra de las flores blancas, se dedicaron a la compra de grandes negocios de todo género; a la construcción de templos y, conforme pasaron los años, se dieron cuenta que era tan enorme su poder económico, que podía comprar lo que fuera, incluyendo almas y conciencias de los que dadas sus condiciones de pobreza se decidieran venderse. En una cena de fin de año, aquella nueva familia rica, en un acto de reflexión colectiva, llegaron a la conclusión de que algo faltaba para tener el mayor poder y control sobre lo que ellos denominaban inocentes y pobres mortales de aquel lugar. Eso que faltaba, es como cuando a los vampiros le hace falta la sangre para seguir viviendo; se trataba del poder político, pero como nunca cumplieron con un requisito que le llaman militancia, en razón de las actividades propias de su religión protestante; entonces, se propusieron a buscar la manera de obtener ese poder político.
Fue el mayor de los hermanos quien con una copa de vino para consagrar en la mano, se levantó y con voz pausada dijo: al no tener filiación ni militancia en ningún partido político, la única alternativa es, comprar un partido y, para eso, me gusta el partido que se distingue con los colores de la bandera nacional. Ese que tiene más tiempo de existencia, ese que no nos reclamará los pecados que podamos cometer, al ser religiosos y políticos; sobre todo, ante la gran posibilidad de comulgar con todos los demás políticos del tricolor. Lo que todo mundo conoce como la maldita corrupción que hace más rico a los ricos y convierte en miserables a los pobres.
Al final de su propuesta, aquel primogénito del anciano mecánico que reparaba juguetes de cuerda, con una sonrisa sarcástica, terminó expresando que, con certeza le fallarán al todo poderoso con las decisiones tomadas, pero los probables castigos no se comparan con los placeres que ofrecen los poderes económicos y políticos; así que, en los próximos procesos electorales compraremos el partido tricolor municipal. Todos y cada uno de nosotros seremos presidente municipal, diputado local o federal, senador o quizás hasta gobernador del estado...
Ya con el gozo que dan los poderes económico y político, compraron el partido tricolor. Todos vivieron felices y, así con tanto dinero que tuvieron, llegaron a causar temor y miedo entre los habitantes de aquel lugar, porque se decía que, si te veían pasar cerca de donde estaban, si les gustabas, de inmediato te compraban…y colorín colorado…