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Thu, Jul

Lejos, lejos quedan los días en que en Juchitán el agua salía con presión al abrir una llave y se tomaba directa para beber…limpia cristalina, fresca; o se encontraba a flor de piel al perforar un pozo y –en tiempo de lluvia-, corría sin freno por calles y callejones inundando todo, tomando por sorpresa muchas veces a las familias que recogían ropa, enseres o lo que podían, para colgarlo en hamacas colgadas de los travesaños de madera de las casas tradicionales o ya de plano –en el peor de los casos- se subían al techo cuando el agua cubría casi por completo sus hogares.

El istmo de Tehuantepec, en su parte oaxaqueña, ha sido ocupado por diferentes grupos culturales y lingüísticos desde hace más de 3, 500 años (Preclásico inferior) por hablantes de lenguas mixe-zoqueanas y es muy probable que hacia 1 200 años a. C. ya existieran poblaciones grandes y estables (Winter, 2013), lo que nos indica la cantidad de tiempo que estas sociedades se han relacionado con su entorno, creando conocimiento sobre él y transformándolo de tal suerte que podemos decir que el entorno natural del Istmo es una construcción cultural y que la cultura es una construcción que tiene una relación estrecha con la naturaleza del área geográfica en cuestión.

El Día del Niño que hoy se celebra en México (la fecha varía en distintos países), destinado a enfatizar y reafirmar los derechos universales de la infancia, no ofrece muchas oportunidades para el festejo a la luz de los datos que arrojan estudios de diversas instituciones ocupadas y preocupadas por el tema. Todo lo contrario: investigaciones y encuestas realizadas por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la Red por los Derechos de la Infancia y otras organizaciones de parecido perfil describen, en conjunto, una situación alarmante para un elevado porcentaje de nuestros niños y adolescentes.

I

La tarde se llena con las últimas luces del día, el camino al estero de este pueblo se mira con poco tráfico y el polvo no deja de anunciarnos que la pavimentación de esta ruta que termina en la Colonia Álvaro Obregón está muy lejos de llegar a ser una realidad. La terracería sigue siendo el único destino para esta gente tan dejada de la mano de dios, tan cercana a políticos corruptos que solo piensan en el presupuesto municipal como un pastel a repartir (si es que a políticos llegan, pasteleros de pensamiento, rapaces del porvenir).

Están a punto de cumplirse los primeros cien días de gobierno de las autoridades municipales en el Estado de Oaxaca. Durante ese lapso, los ciudadanos hemos podido constatar si las propuestas y demás promesas de campaña fueron mera carnada para atraer votantes o genuinos planteamientos pensados para mejorar las condiciones de las diferentes poblaciones.