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Thu, Sep

   Qué nos espera a los mexicanos, que a pesar de todo aún nos sentimos orgullosos de vivir en este gran país nuestro, con la ola de violencia que azota gran parte del territorio nacional?

Hoy tocaría fin las fiestas de Mayo de Juchitán, ayer sábado sería la última Vela, la de Cheguigo, la de mi barrio o Sección Octava. Y ayer fue el nacimiento de Saúl Martínez el Trovador del Recuerdo, en 1914. Hijo de Na Lipa Fili, que al enviudarse de Ta Filemón Martínez, siguió viviendo en la calle Pino Suárez donde nació don Saúl, el gran tocador de guitarra, que a los 10 años ya tocaba bien ese instrumento, habiendo recibido clases con su maestro don Gilberto Orozco - Ta Betu Báa'nu-, escritor que vivió en la calle 5 de Mayo, aquí en Juchitán, autor de un bello libro Tradiciones y leyendas del Istmo, editado en 1946.

Si en algo estamos de acuerdo los juchitecos fervientes de la Guelaguetza y los que no creemos en ella y en su farsa cultural, es que no hay ninguna sorpresa en que la delegación de Juchitán no se haya merecido lugar en dicha fiesta de gringos. Sus cumbias no tienen sentido ni razón y sus coreografías (que no arreglos dancísticos de los sones) por demás estilizadas de lo que antes fueron sones, se abren paso al camino de lo burdo, de lo sacrílego para los que tenemos el son como una misa o un rezo.

El 10 de Mayo se festeja Sn Antonino, en mi caso mi abuela Antonina de la Cruz era de la Quinta Sección o Barrio Lima que así le llamaban antes comúnmente, era de enagua y de huipil y hablaba zapoteco; no le oí decir un sí o un no en español, todo era en zapoteco.