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Thu, Jul

Una asociación prodigiosa entre dos actividades que necesariamente exigen correr por caminos paralelos, convergentes en algún momento, habla de una comunidad que como la mexicana ha hecho un mundo cultural atractivo en el exterior. La política es un quehacer que revela la situación práctica de un país como fenómeno social, su ejercicio devela acciones que recurrentemente se actualizan. La política recurre a sus élites, a sus notables, para afianzar sus deseos de prosperidad y democracia en ascenso.

La realidad política de Juchitán es la radiografía exacta de lo que ocurre en todo el país.

El tiempo cura las heridas, y los subsidios acordados con el nuevo gobernador curan la autoestima de la dirigencia de la Sección 22. El nuevo panorama no es tan nuevo y no es tan panorámico. No es tan nuevo, porque el movimiento sindical de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en Oaxaca siempre ha sido amable cuando la presión social lleva a negociar los intereses en juego, casi siempre legales y no necesariamente legítimos. No es tan panorámico si medimos los subterfugios por donde las contradicciones políticas se establecen como una cadena de compensaciones, entre los pasadizos secretos y los intersticios electorales.

Desde los inicios del hombre, la política ha estado presente, no de la forma en que ahora la conocemos, más bien en tiempos de antaño, sin estructuras ni ambiciones, se logró consolidar el raciocinio entre aquellos primeros pensantes de la tierra que permitió crear la política que establecería y regiría los estilos de vida que el hombre experimentó hasta llegar a la civilización.

Hagamos de cuenta que una fuerza poderosa concedió el milagro de la resucitación de tres grandes intelectuales mexicanos, que en vida conocieron y aplaudieron el nacimiento de la COCEI, allá a finales de la década de los setentas.

Oaxaca amanece con nuevo gobernador. Esa sensación caracteriza la confianza depositada en las elecciones del pasado 5 de junio, la esperanza de un gobierno fuerte, sostenido y sustentable y, de una trayectoria política indiscutiblemente sobria, sensata y que combine justicia social con el desarrollo de la construcción de la ciudadanía (educación, democracia y asamblea).