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Tue, Feb

Para la comunidad mexicana en el extranjero y ya no se diga, para la mexicanidad que vive en este ingenuo país, Hillary ganó el primer debate presidencial. Los que vimos el debate, total o parcialmente, veíamos los trucos gestuales de Donald Trump, que en territorio estadunidense son efectivos en las urnas, pues aunque en apariencias en el mundo de los ciudadanos norteamericanos se da a entender que kinésicamente no votarán por Trump, la realidad es otra, se burlan de un show necesario que ese país ha mamado desde la infancia: la “Horse trading” (política de las componendas). Hillary, podría situarse en una trampa en la que los “gringos” no desean caer otra vez: lo correctamente presentable, lo ligeramente presumible, pero que peca de retórica cadenciosa y estrategia voluptuosa: consideraciones que los votantes de ese país destinan a los países latinoamericanos, miserablemente vividos y comidos.

En una democracia se entiende que el poder radica en el pueblo y ésta se rige por reglas que determinan la conducta para una convivencia ordenada.

Hoy se cumplen dos años de la desaparición de los cuarenta y tres estudiantes normalistas, de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Iguala Guerrero, y el Estado no ha dado una respuesta contundente sobre este hecho, que ha provocado una enorme solidaridad nacional con los familiares de los desaparecidos y un repudio generalizado en toda la sociedad mexicana hacia los gobernantes.

Septiembre es el mes en donde los festejos se disparan en cada pedazo de este país. México cabalga por única ocasión en todo el año, a no ser que se le agregue la batalla del 5 de mayo, en la certidumbre contemplativa de un desafío de país que milita entre el “mínimo esfuerzo y la máxima utilidad”. La idiosincrasia mexicana no termina por reinventarse, pero la exigencia de triunfo desfallece ante la amenaza de cualquier otro caudillo que nos convoque a ofrecer nuestra vida a cambio de libertad cedida pero no ejercida. El mexicano festeja para advertirle a ese caudillo inexistente aunque en prospecto latente, que los triunfos ganados hablan por muchos años de libertades inmutables en su reconocimiento cultural. Algo así como aquel dicho que expresa: “lo duro no se siente cuando lo tupido está por llegar”.