22
Fri, Sep

Después de 10 años de luchas, el país se encontraba en ruinas en su infraestructura económica.

Hoy se cumplen dos años de la desaparición de los cuarenta y tres estudiantes normalistas, de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Iguala Guerrero, y el Estado no ha dado una respuesta contundente sobre este hecho, que ha provocado una enorme solidaridad nacional con los familiares de los desaparecidos y un repudio generalizado en toda la sociedad mexicana hacia los gobernantes.

Septiembre es el mes en donde los festejos se disparan en cada pedazo de este país. México cabalga por única ocasión en todo el año, a no ser que se le agregue la batalla del 5 de mayo, en la certidumbre contemplativa de un desafío de país que milita entre el “mínimo esfuerzo y la máxima utilidad”. La idiosincrasia mexicana no termina por reinventarse, pero la exigencia de triunfo desfallece ante la amenaza de cualquier otro caudillo que nos convoque a ofrecer nuestra vida a cambio de libertad cedida pero no ejercida. El mexicano festeja para advertirle a ese caudillo inexistente aunque en prospecto latente, que los triunfos ganados hablan por muchos años de libertades inmutables en su reconocimiento cultural. Algo así como aquel dicho que expresa: “lo duro no se siente cuando lo tupido está por llegar”.

De acuerdo al artículo 36 de la Ley Orgánica del Poder del Estado, una de las funciones específicas de la Secretaria de Salud es “apoyar el mejoramiento de las condiciones sanitarias del medio ambiente”, según lo estipula el inciso XIV de la mencionada Ley Orgánica.