27
Fri, May

DOMINGA SALVADOR JIMÉNEZ “Doña Minga”

Istmo
Typography

Doña minga es pionera de la difusión de esquelas e invitaciones a domicilio, por todos los rincones del puerto, fue oriunda de las galeras del ferrocarril, ahora, col Cuauhtémoc de esta ciudad.


Diariamente con su bolsita llena de granos de maíz, desafiando los peligros que nunca faltan, en ocasiones el calor o la lluvia, en otras, los perros de las casas o de la calle acostumbrados a morder a quienes osen invadir sus domicilios, seguramente algunas mordidas se ha de haber llevado doña “Minga” al andar preguntando por las personas, por sus nombres o por sus apodos y dando referencia de sus características físicas para identificarlas.
Y así diariamente se veía a doña “Minga”, por Barrio Nuevo, el Barrio Espinal, la col. Guadalupe, la col. San Pablo, el Barrio de Santa Rosa, por el Barrio San Francisco, Barrio San Francisco, las Hormigas, Barrio Juárez, o por las Galeras, por todo Salina Cruz, siempre llevando las noticias, la información de las fiestas y otras cosas.
En su trabajo, doña “Minga” hacia alarde de su memoria prodigiosa para recordar hora, fechas, nombres y domicilios de los encargos encomendados y por el cual uno a uno daba los detalles de las futuras bodas, quince años, cumpleaños, bautizos y misas, principalmente.
Su andar fue característico, su figura delgada hacia juego con su rebozo o su chal. Desde que salía de su domicilio en las galeras norte hoy Col. Cuauhtémoc, iniciaba su labor en la calle, detenía el caminar de las señoras para informarles y hacer efectivas las invitaciones y entregando el “maicito” o un ramito de bugambilia para dar testimonio de su tarea. En Salina Cruz todo mundo conoció a doña “Minga” y quien no la conoció, cuando menos la menciona, porque su nombre se convirtió en sinónimo de “platicar” o de “chismear”, pues a menudo cuando uno a más personas se encuentran y quieren platicar, dicen: “vamos a minguear”. Por otra parte a los chismosos en el puerto los identifican como “mingas”, dicho con todo respeto.
Esa fue la magia, el encanto de una persona que haciendo de su oficio algo no muy reconocido, lo dignifico y lo elevo a una categoría que ahora la recordamos con mucha admiración después de haber ejercido el “oficio” durante muchos años. Logrando con ello ser uno de los personajes inolvidables de nuestro puerto.
Reseña extraída del Refranero Popular Ilustrado
Revista cultural salinacrucense.
Año 1988