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Mon, Aug

El nacimiento de un bebé en Juchitán

Istmo
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Nacimiento
Desde que la mujer se siente madre lleva el especial cuidado de no serenarse, ni menos de estar en el patio en horas de eclipses de luna; tampoco duerme en el patio o corredor como se acostumbra en los tiempos calurosos, porque cree que las brujas pueden hacer daño al niño en el vientre materno y porque teme que el eclipse pueda comerse alguna parte del niño. En estado, la madre siempre duerme dentro de la casa con las puertas bien cerradas.

Al recién nacido lo zahuman con alhucema después de bañarlo, por ser ésta un antídoto contra los daños de las brujas.

El tiempo prefijado para los bautizos es a los cuarenta días a más tardar, del nacimiento. El estado de hereje es muy apetecible para el diablo y hasta que el niño es cristiano pueden dejarlo solo en su cuna, después de hacerle la señal de la santa cruz en la frente, lo que viene a constituir un infranqueable muro de defensa contra los espíritus dañinos.
Cuando la madre se siente acosada por los dolores del nacimiento no demuestra aflicción, que nada remedia. Hasta que ella manda llamar a la matrona los parientes se dan cuenta de su gravedad y se presentan a ofrecer sus servicios voluntarios que siempre le aceptan y agradecen.
Cuando el recién nacido es niño, se brinda a su salud una copa de vino.
Después del nacimiento alaban al cielo y a todos los concurrentes se les sirve chocolate con pan sin importarle la hora y comenzando con la paciente.
La placenta del niño la encierran dentro de la habitación, en un lugar fresco o en la cocina, después de colocarla en una olla nueva, cuidadosamente tapada, para que no le caiga tierra, pues creen que ahí se evita que el niño enferme de agudos dolores umbilicales.
En este día feliz del nacimiento el padre del niño no sale por nada de su casa, pues tiene que proteger a su prole de cualquiera eventualidad.
En todo su alcance entra luego en movimiento el mutualismo natural y espontáneo de la región; las visitas de parientes amigos, vecinos, para llevar a la madre provisiones de boca, queso, totopos, pan, chocolate. La alimentación que se le da a ella es caldo de gallina, atole, chocolate, queso seco con totopos (tortillas delgadas, tostadas al horno y muy sabrosas, porque están doradas a fuego). En ninguna región distinta del Istmo se hace este totopo, que puede conservarse embodegado, sin descomponerse, por más de una año.
A los ocho días del nacimiento bañan al niño; la madre se baña a los diez días y desde entonces ya puede dedicarse a sus quehaceres de costumbre. La primera criatura de un matrimonio debe de ser bautizada por los padrinos de boda, quienes no tienen compromiso para los demás. Nunca cambian nombre del santo o santa que correspondió a la fecha del nacimiento y que debe corresponder al niño, porque creen que, si no siguen el santoral, se desvirtúa la dicha del bebé. Si es niña, no se casará por haberse despreciado a su santa y vivirá desgraciada; si es niño resultará un perverso.
La madre, al solicitar de los padrinos que le bauticen al niño, les manda anticipadamente, como un presente de concordia, hermosas tortas grandes de pan de manteca, de ingredientes exquisitos, con chocolate ricamente aromatizados. El padrino en cambio envía de obsequio algunos días después, el ropón que debe vestir el ahijado el día del bautizo.
Los padrinos regalan a la madre, después del bautizo, un peso o cincuenta centavos, y es ella la que lo lleva a la pila bautismal; pero en el caso de que lo lleve la madrina, entonces a esta le corresponde el obsequio. Los que pueden dar más, así lo hacen, según sus posibilidades.

*Tomado del libro “Tradiciones y Leyendas del Istmo de Tehuantepec” /Gilberto Orozco/Revista Musical Mexicana 1946.