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Fri, May

Ejecución de delincuentes*: Gilberto Orozco (+)

Istmo
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El 2 de diciembre de 1856 fueron castigados ejemplarmente en Juchitán 14 delincuentes.


Don Gregorio Matus era en aquella época Jefe Político de reconocida honorabilidad. Las noticias criminarías le llegaban abrumadoramente, pero nadie se atrevía a denunciar a los delincuentes por propio instinto de conservación. Esto era un efecto inmediato de las prevenciones amenazadoras que lanzaban los mismos criminales, de castigar con la muerte a los que divulgasen lo que ellos hicieran.
Los caminos eran poco transitados por inseguros; pero el imperio de la necesidad de trabajar para el sostenimiento de la familia obligaba a los honrados campesinos a salir a sus viajes aun cuando estuvieran expuestos a sufrir las vejaciones de los temidos malhechores.
La Jefatura Política tenía 15 policías los que se turnaban para el servicio diario. Gregorio Matus confiaba en ellos, y cuantas veces le llegaba noticias de los asaltos y abundantes crímenes que se sometían en los caminos, ordenaba a estos que salieran a perseguir y aprender a los criminales. Pero invariablemente regresaban sin lograr el objetivo y solo rendían parte de “sin novedad”. Estos fracasos afligían terriblemente a Don Gregorio, no tanto como Jefe Político, sino como juchiteco, porque tenía conciencia de la responsabilidad oficial que pesaba sobre él y se condolía que sus paisanos fueran tan criminales. No encontrando medio para descubrir a los autores, se ponía en honda preocupación y desvelo, porque no alcanzaba a obtener el éxito alcanzado.
Cuenta la tradición oral que un día dos mujeres, esposas respectivamente de dos de los policías, riñeron en la calle por una cuestión baladí. En la reyerta emanaron revelaciones de sus conciencias intranquilas y una dijo a la otra: sinvergüenza, tu marido te sirvió con la cuchara grande al repartir el botín de anoche, porque a tí te dió un tostón más que a mí por la parte de mi marido. El Jefe Político, que siempre estaba prevenido y que tenía los oídos puestos por todos lados, supo al momento lo que se había dicho en esa riña y, sin dar tiempo a ninguno, aprovechando una buena oportunidad, mando traer rápidamente a todos sus policías y los fue desarmando uno a uno, poniéndolos en encierro hasta que completo el número de 14. El decimoquinto y ultimo policía no llego a presentarse, porque su inconsciente mujer, autora de la riña en el mercado en donde se hizo pública la delincuencia de su marido, comprendió su error y platico el caso a su esposo. Este, concibiendo que los efectos de su persecución serian inmediatos, no pensó más, y sin mayor pérdida de tiempo huyo al monte.
Los policías, en quien tanto confiaba Don Gregorio Matus, eras los mismos que cometían los asaltos. Después de los trámites legales y violentos en los que resultaron convictos y confesos los criminales, Gregorio Matus ordenó que fueran fusilados, lo cual aconteció el 2 de diciembre de 1856. Como escarmiento, la ejecución se hizo en el lugar más visible de la población, en donde el público pudo presenciar la con mayor facilidad. Se cuenta que entre esos 14 criminales se encontraba como policía un pariente muy cercano de Gregorio Matus, tal vez un hijo suyo bastardo. Tanto por esa causa como por el gran escarmiento que se propuso hacer, lanzo un manifiesto al público para explicar su conducta, insistiendo en que se sentía más obligado a pugnar por la tranquilidad pública que a consentir a su propia parentela.
El decimoquinto policía que creyó burlar la justicia, internándose en el monte fue mordido por una víbora de cascabel. Como consecuencia de esto, murió en el mismo día y hora en que fueron ejecutados los otros 14.
Después del ejemplar castigo una absoluta calma reino en Juchitán y pasaron muchísimos años sin que se llegara a oír hablar de ningún otro crimen en los caminos.

Tomado del libro “tradiciones y Leyendas del Istmo de Tehuantepec/Autor: Gilberto Orozco/Revista Musical Mexicana/1946