01
Fri, Jul

TRIUNFO DE LAS ARMAS JUCHITECAS*

Istmo
Typography

El dominico Fray Mauricio López vivió en Juchitán como párroco desde 1861 y le dolió mucho ver a los juchitecos bajo una nueva perspectiva de dominación extranjera.


El 2 de septiembre de 1866, una comisión de imperialistas, integrada por tehuantepecanos, se presentó en Juchitán con el propósito de persuadir a los juchitecos que se rindieran y entregasen la plaza al imperio de Maximiliano que era ya dueño de Tehuantepec. Poco le faltó para que esta comisión lograra sorprender a los juchitecos, pero oportunamente se presentaron los hermanos Marcos y Amós Matus, quienes inmediatamente se pusieron arengar a los presentes con mucho patriotismo, logrando encender sus ánimos, de tal modo, que se tomó la decisión de repeler la traidora petición imperialista.
Estos viniendo por Ixtaltepec, el día 4 de Septiembre de 1866, llegaron a Juchitán por el lado norte en donde fueron recibidos a balazos entablándose desesperada lucha en la que sobresalieron varios capitanes juchitecos, demostrando singular patriotismo, aunque fueron rechazados a causa de la superioridad numérica en hombres y armamentos de las tropas imperialistas, que tomaron la plaza. Los juchitecos se retiraron hacia el pozo Peralta, a cuatro kilómetros al oriente de Juchitán, heridos y agotados por la pelea.
En este lugar, las juchitecas los esperaban con abundantes alimentos. Disgustadas por la derrota, les dijeron: Si están cansados, cobardes, denos las armas, que nosotras iremos a vencer. Era ya el célebre 5 de septiembre de 1866.

Los juchitecos, heridos moralmente por las duras frases de sus valientes mujeres, olvidaron sus fatigas y henchidos de patriotismo, volvieron sobre Juchitán. Ya no encontraron al tristemente célebre tehuantepecano Remigio Toledo, que había hecho causa común con los franceses.

Este con toda su gente, había levantado e sitio aprovechando la obscuridad de la noche anterior, saliendo por el Paso del Virrey. Pero quedaba el general Luciano Prieto comandando las fuerzas invasoras, con un efectivo de 2,500 hombres que combatían al gobierno republicano de Juárez. En cambio, en batallón Zaragoza que al mando del coronel Crisóforo Canseco era el defensor de Juárez, con solo 400 hombres y una pieza de artillería, quedó desecho desde el primer encuentro, el cual perdió la pieza de artillería arrebatada al enemigo. Este había sido clavada e inutilizada por los franceses, pero posteriormente la recuperaron lo juchitecos en aquel glorioso 5 de septiembre de 1866.

Durante mucho tiempo se conservó en el jardín Carlos Pacheco de Juchitán, lugar donde hoy está edificada la hermosa escuela que lleva el nombre de esta ciudad.
Después de tomar la plaza de Juchitán, el general Luciano Prieto subió a la torre de la iglesia principal de San Vicente Ferrer y, al recorrer los alrededores con sus anteojos de larga vista, encontró accesible el lado poniente, por el ancho camino para Tehuantepec, determinó entonces evacuar inmediatamente dicha plaza, antes de que el sitio que venían poniendo los juchitecos se cerrara y quedarse él copado. Una mujer que se dio cuenta de este intento de evacuación, corrió hacia los suyos para decirles: Persigan a los enemigos que ya están tratando de huir.

La persecución fué tenaz y valiente, pues lograron destrozarles al atascarse en el fango producido por una reciente lluvia. Les hicieron 800 bajas, quitándoles muchas armas y dos cañones rayados, aparte de que recuperaron aquel viejo cañón del batallón Zaragoza, de que ya se ha hablado, y que hoy se conserva en el Palacio Municipal como recuerdo de esa epopeya.