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“Batalla del 5 de septiembre: 150 años de gloria”

Istmo
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Dicen por ahí que recordar es volver a vivir, pero nosotros, los hijos del Juchitán contemporáneo, no podemos recordar una batalla que nuestros ancestros protagonizaron hace ya 150 años contra un ejército imperialista (considerado entonces, como el mejor del mundo) porque simplemente no nos tocó vivirla.


Sin embargo, la hazaña resulta ser tan heroica, exquisita y emblemática que, al leer y escuchar los hechos históricos entrelazados con las anécdotas de aquella batalla, nos sacude la identidad y nos hace revertir nuestra existencia a esos ayeres de pies descalzos, vestimenta de manta blanca, sombreros y rebozos como únicos accesorios y filosos machetes como armas legendarias.
Fue el 5 de septiembre de 1866, que nuestro pueblo impregnó en la historia nacional la esencia de su valentía, amor y coraje al defender a su patria de la invasión extranjera que pretendía apoderarse de todo lo que representaba el patrimonio del pueblo, imponiéndose con aires de superioridad sobre el orgullo juchiteco.
Como hoy existen y como seguramente mañana también, en esta lucha existieron personajes que no merecían pertenecer a esta raza valiente que luchó sin mayores fuerzas que aquellas que les surgía por ser hijos pródigos de la estirpe zapoteca. Fue el entonces Coronel Remigio Toledo “Gubisi” quien, temeroso e inseguro de librar la batalla que le esperaba, decide desertar de las tropas zapotecas dejando a sus subordinados a la deriva.
Presagiando ya su derrota, impactados por la deserción de su Coronel, los soldados juchitecos cabizbajos no se encontraban en condiciones de luchar hasta que, alza la voz Tona taa´ti una mujer de destacada presencia entre aquellas luchadoras incansables, y rememora a los héroes juchitecos que habían participado cuatro años antes en la gesta histórica batalla de Puebla, animando con cierta soberbia y altivez, reta a los soldados juchitecos diciéndoles:

“Shi ná tu pué cadi ma´a gudiñe tu láacabe Puebla la´; pa qui guizanda cuée tu láacabe ndaani shquizhinu, lagui ní, ne gudítu ca guíba ca láadu guhnáa, ti gúulla – tu pa sabée du láacabe o cóo” 1. 

Traducción:

“¿Qué dicen pues? ¿Qué no les pegaron en Puebla? Si no pueden sacarlos del centro de nuestro pueblo, ¡hablen, y nos dan a nosotras las mujeres, las armas que tienen y verán si los sacamos o no!

Estas palabras retadoras, emitidas por el singular feminismo de la mujer juchiteca, hirieron hondamente el orgullo de aquellos soldados abrumados y provocaron una furia igual a la de un hijo que defiende a su madre ofendida. De forma inmediata, se organizaron con los refuerzos que se sumaban a la lucha como: Rancho Gubiña, Chicapa y otros soldados de pueblos allegados.
El batallón “Zaragoza” a su vez comandado por el valiente coronel Crisóforo Canseco junto con los blaseños, chiapanecos y oaxaqueños atacaron sin piedad a las tropas francesas importándoles poco la superioridad en número de soldados y de las armas sofisticadas con que contaban. Entre fusiles viejos, machetazos y pedradas avanzaron de Este a Oeste, hasta llegar a las inmediaciones del cuartel general, cerrando así el sitio al enemigo.
Mientras en este punto del pueblo se libró una batalla con éxito, a las orillas del poblado se encontraba un grupo de juchitecos (que no eran precisamente soldados), encabezados por un valiente patriota llamado Marcos Matus, peleando con el mismo valor y coraje que los juchitecos del Oeste, pero sin éxito, al ser desbaratados y perseguidos por la desigual circunstancia en que se encontraban estas fuerzas antagónicas.
Evidentemente, la única alternativa de lucha para los juchitecos era la que su instinto de guerrero les otorgaba, no contaron con una preparación ni entrenamiento indicado para situaciones de guerra; aun así, su espíritu no se doblegó y se trasladaron al Oriente del pueblo hacia el punto denominado “Pozo Peralta” en donde un puñado de mujeres juchitecas (como siempre representando un papel fundamental en nuestra historia) al ver en la casi derrota a los suyos, nuevamente les encienden esa chispa de valor, orgullo y coraje proveyéndolos de alimentos para continuar la batalla.
batalla Juchitan Oaxaca
Finalmente, las tropas enemigas al ver que ni el número de sus soldados, ni la clase de armas que poseían, ni las innumerables técnicas de lucha que ejercían detendrían el patriotismo del juchiteco, decidieron emprender la huida, pero tal era la sed de venganza y justicia de los nuestros que, con el corazón exhausto y palpitante, los alcanzaron y acorralaron sin oportunidad de escape. Después de ello, sin empatía alguna, escucharon la súplica y compasión de combatientes franceses degollándolos con las mismas espadas con que habían sido atacados unas horas antes.
Desde ese imborrable día, Juchitán ha vivido 150 años de gloria que se ha heredado de generación en generación hasta el día de hoy convirtiéndose (aunque no de manera oficial) como la “victoria inicial” del triunfo de la república mexicana a causa de la invasión extranjera, desafortunadamente algunos libros de la historia nacional omiten este dato al asegurar en sus páginas que el triunfo inicial republicano fue el de la batalla que se libró en Miahuatlán el 3 de octubre del mismo año.
La gloria que generó este acontecimiento histórico, hace posible que en el año 2006 la ciudad sea elevada a Heroica Ciudad de Juchitán de Zaragoza. Hoy, nuevamente la magnificencia de esta batalla hace presente su gloria al convertir a nuestra Heroica Ciudad por único día en Capital del Estado.
Asimismo, es de suma relevancia recalcar que algunos de los nombres que hoy tienen las calles, escuelas y otros lugares simbólicos de nuestro pueblo juchiteco, es de aquellos valientes personajes que participaron en esta batalla como: Albino Jiménez López (Binu Gada), Francisco León (Pancho León), Felipe y Albino López Lena, Crisóforo Canseco, Marcos Matus, Cosme Gómez y Máximo Pineda sólo por mencionar a algunos de los más destacados.
Para concluir, ya que no acabaría de redactar los innumerables relatos que han resultado de este sublime acontecimiento, me parece insoslayable no mencionar la realidad que invade actualmente a nuestro pueblo. Triste, indignado, pero esperanzado después de narrar grosso modo los sucesos de ese heroico 5 de septiembre, me permito desde esta trinchera a hacer un llamado a todos mis paisanos para empezar a ejercer un cambio de grado individualista, juzgar menos y actuar con ejemplos, perder esa manía de buscar culpables y asumir la responsabilidad que cada uno ejerce como ciudadano, cambiar el orden de un sistema que se encuentra en agonía desde una perspectiva interna que impacte a la colectividad y que finalmente aterrice con firmeza en los actos de todos aquellos que son y serán representantes del pueblo juchiteco.
No permitamos que la ola de violencia y de injusticia imperante pueda deshacer el patriotismo que nos heredaron nuestros valientes y ejemplares ancestros.
¡Viva nuestra heroica Juchitán!

Referencias obtenidas:
Gonzalo Jiménez López. (2015). La historia de Juchitán. centro, Oaxaca, Oax.: impresos Diamante.
1 Palabras textuales del libro “Historia de la Intervención”, Opt. Cit. Pág. 82