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Mon, Feb

Se secaron todos los pozos; cuando sintieron sed, se acordaron del río que despreciaron, contaminaron y abandonaron

Opinion
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Cuando todo sea basura, cuando ya no tengamos nada que admirar de la naturaleza, quizás entonces despertaremos; pero será demasiado tarde, porque la tristeza y la añoranza embargarán a nuestros hijos y, los demás que vengan no conocerán las flores y jamás escucharán el canto de los pájaros.


Casi al término de esa hermosa canción compuesta e interpretada por Don Luis Martínez Hinojosa (+), describía tiernamente al río “Los perros” que lentamente muere en Juchitán “chahui duu raati nii Juchitán”. El inmortal compositor se refería al final del recorrido del río; pero al paso de los años, la referencia se convierte en la manera lenta en que se muere el que fue un hermoso lugar, en donde vivieron y nadaron alegremente infinidad de nutrias; de ahí su nombre de Perros de Agua. Hecha esta breve introducción, a continuación el lector encontrará algo así como un cuento que en el futuro y, dadas las decisiones y acciones irracionales que están acabando con la naturaleza, pudiera ser una realidad más temprano que tarde.
Después de tres años que las lluvias se ausentaron y aun viendo o escuchando que los pozos se secaban lentamente, solamente los hombres del campo, y por cierto no todos ellos, eran los que se preocuparon al borde de la desesperación cuando vieron que las hojas de los árboles se marchitaron, las tierras se agrietaron, mostrando un triste panorama y pidiendo angustiosamente agua para mitigar la sed soportada ya por mucho tiempo; aves de diversas especies emigraron en búsqueda de otros lugares más benévolos para sus supervivencias; los pastos se acabaron, muchos animales del campo fueron vendidos a precios que impusieron los compradores; los pocos que quedaron esperando la llegada de las lluvias, se transformaron en esqueletos que entristecieron aún más el campo moribundo.
A pesar de las dificultades provocadas por las terribles sequías, sorprendentemente, la mayoría de los habitantes de Juchitán, mostraban despreocupación y desinterés ante el gravedad de las circunstancias; algunos muy ufanos y tal vez en tono de broma, exclamaban que, mientras existan caguamas, coca cola y telenovelas, todo el mundo está contento y la felicidad se incrementa con los océanos de cervezas que se reparten y se consumen en la infinidad de fiestas que se realizan.
En ocasiones, cuando alguien se preocupaba por escasez del agua potable, ya sea por algún desperfecto técnico de las bombas en los pozos que suministran el vital líquido, o por problemas en las tuberías; son pocos los que le daban la importancia debida, misma reacciones se manifestaban cuando alguien mencionaba que la falta de lluvias, afectaba los pozos artesianos del pueblo,
La falta de las lluvias que muchos años atrás llegaban puntualmente, y los fuertes calores, vaciaron completamente la presa “Benito Juárez”, complicó enormemente la situación en el campo agrícola; fue entonces que, a petición de algunos campesinos, sacaron en procesión a los santos Isidro Labrador y Vicente Ferrer, para que les hicieran el favor de realizar el milagro de las lluvias, como cuando lo hacían en tiempos pasados; pero fueron en vano sus peticiones y plegarias, los aguaceros no llegaron, y en lugar de las lluvias, se presentaron fuertes vientos del norte que en nada benefician.
Entre despreocupaciones, desinterés, apatía, desidia y conformismo por lo que pasaba en la naturaleza, fueron pasando los años; hasta que un día, amanecieron con la novedad de que los pozos que suministraban el agua potable en toda la ciudad, estaban en su mínima capacidad y que debido a la pobreza de los mantos freáticos, los pronósticos fueron terribles; los habitantes tendrían que soportar los estragos de la falta de agua potable o de plano emigrar a otras partes. En la búsqueda de algún espacio que diera señal de existencia del vital líquido, recorrieron inclusive la trayectoria del río, antes de llegar al poblado de Santa María Xadani, descubrieron un pequeño charco que contenía una poca de agua de color verdoso que expedía un olor insoportable; el lugar estaba cubierto de arbustos secos, plásticos de diversos colores, y a los alrededores, esqueletos de todo tipo de animales que fueron arrastrados y amontonados por las corrientes cuando el río tenía vida; una vida triste y contaminada que los ingratos seres humanos le ofrecieron en el tiempos que ellos llamaron época moderna.
Los que fueron a buscar señales de agua, acordaron convocar al pueblo para tratar el grave problema. Eran los primeros días del mes de Mayo, la prevaleciente y difícil situación, redujo considerablemente las posibilidades de llevar a cabo las fiestas primaverales, incluyendo las famosas velas y demás festividades; fueron tiempos en que por vez primera, vieron a muchos habitantes de Juchitán preocuparse y reflejar caras de tristeza y caminar como buscando a dios en el suelo y pedirle perdón. Se comisionaron personas adultas para tocar las campanas existentes en cada iglesia y capilla; los dueños de aparatos de sonido caseros y móviles, acordaron donar vía tequio, sus actividades para recorrer todas las calles de la ciudad para la necesaria concentración.
A las once de la mañana del diez de Mayo de ese año, cientos de hombres, mujeres y niños de todas las edades, se concentraron frente al palacio municipal como para que los asistentes y los ausentes escucharan, se instalaron sendos aparatos de sonido arriba y abajo del edificio.
El que llevaba el control de la asamblea, afirmó que escucharían primero los comentarios y propuestas de los ancianos. Fue Otilio Pérez García, anciano de mas de noventa años de edad, quien apoyado por un niño y por su inseparable bastón de mezquite, se acercó, tomó el micrófono y con lágrimas en los ojos, entre enojo y acusaciones habló en zapoteco se dirigió a la multitud y les dijo: a pesar de mi edad, todavía recuerdo cuando le dije a las autoridades que las obras de pavimentación traerían graves consecuencias para nuestro pozos artesanos, pero nadie me hizo caso, hasta dijeron que yo estaba contra lo que llaman urbanización y progreso; ahí están ahora las consecuencias , las pocas aguas que obsequiaban las efímeras lluvias, se desperdiciaban, porque no había manera de que la madre tierra absorbiera ni una sola gota de agua para alimentar el manto freático y mantener vivos los pozos. Eso señores por un lado, por otro lado, la única esperanza de disponer de agua y poder soportar un tiempo la carencia de este sagrado y vital líquido, está en nuestro río; ese río al que durante muchos años depreciamos, maltratamos, contaminamos criminalmente y abandonamos hasta dejarlo moribundo, ese río que convertimos en un infernal basurero, por ahora y para siempre, es nuestra única alternativa si es que estamos dispuestos a razonar como verdaderos seres humanos y a aceptar rescatarlo de su lecho de muerte.
Con el paliacate que tenía en su mano izquierda, el anciano se secó las lágrimas que brotaban de sus cansados ojos; mientras caminaba para ocupar la silla de madera que le había asignado, muchos le daban la mano, él les decía, yo ya me voy, allá ustedes si salvan al río y se salvan también ustedes y sus hijos.
Nadie más tomó la palabra, al otro día, desde las cinco de la mañana, se contaban miles de hombres y mujeres de todas las edades, a lo largo del río tratando de darle una nueva imagen, el cabildo municipal acordó y publicó disposiciones en las que se ordenaba a la población y empresas en general, a abstenerse de contaminar el rio, bajo pena de sufrir el castigo consistente en entregar cinco mil litros de agua potable; ya que en aquellas circunstancias, el agua tenía más valor que el dinero….Así fueron las cosas.

 

Senado de la república