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Fri, May

Las taberneras de Juchitán y las cervecerías.

Istmo
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A las tías Macha y Virginia donde estén.

La taberna’ es una bebida alcohólica extraída de la palma silvestre. También es conocida como nisa bigaraagu’ ‘agua de coyol’. Anteriormente era la bebida que se distribuía, junto con el nisadxu’ni xuba’ ‘anisado’ y el nisadxu’ni’ ‘mezcal’, durante las fiestas diurnas y nocturnas de los zapotecos. Había un grupo de mujeres denominadas taberneras que se encargaban de la venta de estos productos.
Yo conocí la vida de dos de ellas por boca de las mujeres de mi casa materna. Una, murió en el esplendor de su juventud, hechizada por los turbios ojos de un extranjero. La otra, falleció por causa de la diabetes que le carcomió las entrañas hasta dejarla dializada, yacida en una cama.
El pueblo aún guarda en su memoria los nombres de varias taberneras, algunas de ellas fueron: Benita Xhu’ni’, la de los pies torcidos, la niña de cara bonita, a la que el fuego le comió los pies. Na Nina, la que acurrucó a Macario Matus entre sus senos y le contó la mejor historia que no aparece en las Mil y una noches, porque no sucedió en la tierra del hombre que la embelesó, en el Líbano, sino en Juchitán. Manuela León, la mujer que trató a Marinella como una india europea, Rosa Piina’, la ronca musa de Alfredo Cardona Peña.
Las taberneras fueron, seguramente, de las primeras mujeres que tomaron públicamente, perfeccionaron el arte de la conversación y se volvieron narradoras. Cultivaron una amistad, un afecto, un amor. Fueron las compañeras de los trasnochadores, los paños de lágrimas, las celestinas, la trotaconventos de hombres apocados: las maestras.
Con la llegada formal de las cervecerías a la región del Istmo de Tehuantepec pasaron de ser taberneras a cerveceras. La Carta Blanca, fue la primera que se acercó a ellas ofreciéndoles todo: un precio especial, créditos, hielos, mandiles, bancas, mesas, hieleras, picahielos y además, una bonificación por la venta de cada cartón de cerveza; las ayuntó en un sindicato y las controló a través de un concesionario llamado Porfirio Pineda. Posteriormente, la Cervecería Modelo del Istmo, siguió estos mismos pasos a través de Dxu Pedru “Pedro el Extranjero”, quien les duplicó la oferta, y ellas cayeron como libélulas.
Estas mismas empresas crearon la figura de la cantinera, la mujer que en un principio no sólo vendió cervezas en un espacio cerrado, sino también su propio cuerpo. Algunas taberneras se volvieron cantineras por el pago de un local, el pago de la luz y del agua, dinero en efectivo para la elaboración de bocadillos, más bonificaciones y créditos, amén de los otros beneficios ya otorgados. Esta perniciosa práctica mercantil afectó a un antiguo oficio zapoteco y desplazó a las bebidas regionales.
Una vez que las cerveceras arrinconaron y alcoholizaron al pueblo les quitaron a las taberneras todas las migajas que les habían dado; cuando ellas protestaron, uno de tantos gerentes de esas empresas les vociferó: “yo no tengo la culpa que sean derrochadoras y malas administradoras de sus ganancias, cuánto tiempo llevan vendiendo cervezas y no tienen ni en que caerse muertas”.
El pago que recibieron las taberneras por haber sido las promotoras de las empresas cerveceras fue la diabetes y la prohibición para vender sus productos afuera de las pachangas. De ser las voces estruendosas que llamaban a sus clientes en las fiestas se volvieron sombras taciturnas. Víctor Cata.